por David Martín del Campo
Inmolación, masacre, sacrificio. El diccionario es implacable… a eso se le llama holocausto. Es decir: “Sacrificio religioso antiguo, especialmente entre los judíos, en que se quemaba la víctima completamente”. Lo cual lleva a la cuestión elemental de los sicarios: lo difícil no es matar, sino deshacerse del cadáver.
Hace algunos años en la piazza Navona, clásica del Roma, conversaba con unos amigos cuando el mesero, al escucharnos, quiso indagar de qué país procedíamos. “Ah, Messico”, e inmediatamente hizo el gesto juguetón de disparar con una pistola imaginaria. “¡pau, pau, pau!”. Sí, je-je, es la imagen que nos hemos ganado alrededor del mundo. “Bad mexicans”, Pancho Villa, narco-políticos y políticos-narcos. Matazón de hermanos desde la piedra de los sacrificios en el Gran Teocalli.
El pasado 8 de marzo el colectivo “Guerreros Buscadores” compartió en sus redes el hallazgo de 154 pares de zapatos, además de miles de camisetas y pantalones de muchachos, que hallaron en el rancho Izaguirre, ubicado en Teuchitlán, Jalisco, amén de hornos crematorios donde encontraron restos de osamentas calcinadas.
La prensa internacional no tardó en llamar al sitio como un “campo de exterminio”, con todas sus letras, del cartel del crimen que domina esa entidad. Se trataría de los muchachos “reclutas” (secuestrados) que se negaron a obedecer el entrenamiento que allí impartían sus captores para convertirlos en sicarios del crimen organizado.
Días después la autoridad debió responder. Alejandro Gertz Manero, fiscal general de la República, enumeró los errores de las autoridades jaliscienses en el registro inicial del rancho que había sido intervenido un año atrás: no se inspeccionó el lugar, no se ordenaron muestras de huellas dactilares, no hubo análisis químicos de los hornos crematorios ni se investigó quién era el dueño del terreno. Un desorden pericial con todas sus letras.
Las víctimas rescatas en el lugar habrían denunciado aquello; el rancho era un campo de entrenamiento de la mafia jalisciense donde se preparaban a los matones de la banda criminal.
Las omisiones mencionadas por el Fiscal General parecen incomprensibles un año después de que el rancho fue intervenido, por las primeras denuncias, y pone de cabeza al sistema judicial de esa entidad. Si sabían del crimen ahí perpetrado, son cómplices; si no hicieron las averiguaciones de rigor, son incompetentes… aunque esa pareciera la norma nacional en ese tipo de rastreos. Ya nos vamos acostumbrando.
Ese horror se repite de temporada en temporada. En el otoño de 1944, cuando los ejércitos de liberación aliados se aproximaban a Berlín, tantos los soldados soviéticos como los norteamericanos iban hallando campos de concentración escondidos en las montañas, donde millones de judíos habían sido recluidos para obligarlos al trabajo escalvo y el exterminio. Auschwitz, Chelmno, Treblinka, Trostenets, Jasenovac, son algunos de ellos, donde fueron exterminados (y cremados en hornos ad hoc) millones de judíos, gitanos y opositores al régimen del nacional-socialismo alemán.
Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz, escribió algunos libros de memorias de esa experiencia de horror donde, en sus palabras, de lo que se trataba simplemente, era de “destruir al ser humano”. Así que esos 154 zapatos (pares), que se dice fácil, pertenecieron a muchachos que fueron ultimados, macheteados, incinerados en hornos de hoyo y gasolina o, en el mejor de los casos, incoporados a la mafia de las cuatro letras para seguir perpetrando sus fechorías de costumbre… secuestro, extorsión, producción, trasiego y comercio de drogas. Es decir, el “gobierno bajo las sombras” que se ha apoderado de buena parte del país.
Ya se ha dicho: la debacle del gobierno de Enrique Peña Nieto inició cuando se conoció del secuestro y desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa que habían secuestrado varios autobuses con el fin de trasladarse a la ciudad de México. Ninguno de ellos ha sido presentado vivo, se presume que fueron (igualmente) incinerados en los alrededores de Iguala. Ahora los 154 pares de zapatos de Teuchitlán (algunos son calzado femenino) buscan dueño. Podría ser el dolor de cabeza que reviente la conducción del nuevo gobierno. Ya se sabrá.