Anahí García Jáquez
París. Fines del siglo XIX. Georges Duroy ha pasado los últimos dos años cumpliendo con su servicio militar en Argelia. Un buen día se encuentra con Charles Forestier, un amigo del ejército que le ayudará, no sólo a conseguir un mejor empleo, sino que lo introducirá a un mundo nuevo, donde Georges utilizará su ambición para llegar lejos, sin importar lo que tenga que hacer.
Bel Ami (buen amigo) es un trabajo del legendario escritor francés Guy de Maupassant, quien sitúa la acción en su país natal para contarnos la historia, a través de un narrador, de un joven que busca superarse tras vivir circunstancias muy duras. Su gran oportunidad llega cuando Charles, quien ejerce el periodismo, lo invita a trabajar en el periódico La vida francesa a pesar de que no tiene la experiencia ni mucho menos el conocimiento. Es ahí cuando entra en la escena Madeleine, la esposa de Charles y una de las personas que permanecerán muy cerca de Georges, pues será una pieza clave en su ascenso no sólo profesional, sino social, ya que le abrirá puertas en el selecto mundo de la alta sociedad parisina.
El autor nos va presentando a su protagonista en un texto que incluye una crítica social que además expone a los medios de comunicación, los cuales estaban al servicio de las clases altas, lo cual representa una tremenda oportunidad en todos los sentidos para este joven. Es así como se le revela al lector que Georges es, palabras más, palabras menos, un trepador que recurrirá a lo que sea con tal de lograr su objetivo que es no sólo el rozarse con los ricos y poderosos, sino de permanecer en su órbita cueste lo que cueste. La forma de lograrlo es a través del uso de sus encantos, ya que es un hombre atractivo y por ello las mujeres caen rendidas a sus pies, facilitando la tarea de convencerlas para que le ayuden con sus planes.
Sin embargo, su verdadera cara es otra, pues no sólo es ambicioso, sino que genera intrigas, es oportunista, falto de escrúpulos e incapaz de sentir empatía por los demás, lo que provoca que el lector genere cero simpatía con él y lo perciba como un ser desagradable. Su forma de proceder ilustra aquello que el autor nos quiere retratar, que es este ambiente lleno de belleza y oropel pero a la vez tremendamente vacío en el cual las personas valen por lo que tienen y por su posición, más no por lo que son y terminan siendo vistas como objetos que, una vez que han servido, son desechables.
Así mismo, a través del personaje de Madeline Forrestier, el autor nos habla de la situación en la que vivían las mujeres en esa época, ya que ella está imposibilitada de trabajar y pone su talento como escritora al servicio de su marido, quien termina llevándose el reconocimiento por notas y escritos realizados por su esposa, quien debe de permanecer en la sombra pero a la vez siendo un ejemplo de una mujer adelantada a su tiempo mostrando inteligencia e ingenio, además de su talento, en un mundo dirigido por hombres.
Bel Ami es un texto ameno y dinámico ya que está escrito con mucha ironía y buen ritmo, además de que algunas de las peripecias por las que atraviesa el protagonista rayan en lo cómico. Es así como la historia de este arribista que vive de la lisonja y del engaño se percibe tan real como contemporánea a la vez, ya que los seres materialistas siguen siendo legión en nuestros tiempos, eso sí, perfeccionando y refinando sus métodos cada vez más. Si levantáramos una piedra, ¿cuántos Georges Duroy saldrían por debajo de ella?
Bel Ami. Guy de Maupassant. 1885. Editorial Penguin Clásicos.