Magno Garcimarrero
Cierra serrana
Tu brumosa mañana
Que de diciembre a abril
Baja, desde tu cielo
De tejamanil.
Tu sol de lagartija
Se devana los sesos
Para entibiar los huesos,
Sin poder ejercer
Su vocación de cobija.
Arrímate al sahumerio
De la tarde
A oler las humedades del ropaje
Y entretén los calores del anafre
Con un pezón rodando entre los dedos.
Caliéntate en el vaho de los trotones
Que fatigan su tranco de herradura
Y bebe la frescura
De un manantial regado a borbotones.
Reposa bajo el palio de cometas
Fugaces y agoreros,
De estrellas que tiritan,
Más de frío que de miedo
Y vuélvete candil de hoja de lata
Al final del sendero.
Quiébrate con el hielo que madruga
En la pila del patio,
Brilla en el hemisferio del rocío
De un pétalo encarnado
Y anuncia sobre el atrio
Tu camino
A la misa de gallo.
Truena con el crujido
De tus nueces de agosto
Y deja que tu rastro se delate
Por el montón de cáscaras
De cacahuate.
Embriágate en alcohol
De un solo vaso
Que en la ronda feliz
De los paisanos,
Merma su contenido
En buenas manos
Mientras derrama
En flores policromas
El brindis primordial
Que tú te tomas.
Llora desconsolada tu abandono,
Conviértelo en milagro, afortunado,
Y préndelo al sudario del patrono.
Sierra repercutida de campanas
Que perdió la esperanza
Cuando cambió la danza
Por hosannas.
Sierra de musgo
Y de árboles barbados,
Casas de relicario y ofertorio,
De lágrimas de ocote
Y abalorio,
Donde el hombre convino
El despilfarro
De hacer mañana un jarro
De lo que hoy es el lodo
Del camino.
Tierra de veladoras encendidas,
De rozas nocturnales,
Mundo de aparecidos y nahuales
Y cosas presentidas.
Zaguán donde me asalta el acertijo
De un fantasma que dijo
Donde ocultó el tesoro del abuelo,
Y vuelto remolino de subsuelo
Cavo el planeta sin un rumbo fijo.
Suelo donde es granizo la bellota,
Y el hongo de sombrilla, compatriota.
M.G.