Por Deborah Buiza
Si no estuviera considerado como egoísta o mal visto, ¿de qué te felicitarías? ¿De qué podrías decir “me felicito por…”?
Te propongo hacer una pequeña lista de cosas logradas por las que podrías felicitarte. Sé que es difícil de hacer, pero inténtalo: es un ejercicio personal, nadie tiene por qué saberlo.
Hay cosas dignas de una ovación de pie: salir de alguna adicción, de una relación complicada o de un mal trabajo. Pero también hay pequeños logros diarios que merecen un “¡me felicito!” o un “qué orgullosa estoy de mí”.
Cuando miramos hacia atrás y nos damos cuenta de que hemos hecho las cosas diferente a como solíamos hacerlas…Cuando priorizamos nuestro autocuidado y nos colocamos como prioridad, en el centro de nuestra vida, a pesar de todos y de todo… Cuando logramos poner límites (aunque nos haya costado mucho trabajo ponerlos y luego sostenerlos) … Cuando alcanzamos eso por lo que tanto nos esforzamos o en lo que invertimos tiempo, energía y recursos…
En estos tiempos circulan dos ideas contrarias que nos atraviesan a diestra y siniestra: por un lado, aquella que dice que no necesitamos reconocimiento, validación o aprobación exterior, que todo debe ser interno y personal; y, por otro lado, la idea de que auto reconocerse o validarse a uno mismo puede resultar soberbio, chocante o inadecuado. ¿Entonces?
Me parece que necesitamos despojarnos de esas creencias y aceptar que, como humanos, tenemos la necesidad de validación, aprobación y reconocimiento, y que no hay nada de malo en que seamos nosotros mismos quienes reconozcamos nuestros logros, avances y crecimiento.
¡Me felicito! Con conciencia y conocimiento de mí misma, con humildad, con auto agradecimiento, con satisfacción, con alegría en el corazón. Por avanzar en la dirección correcta… por rectificar el camino… por encontrar lo perdido… ¡Me felicito! Brindo por mí.
No será tu cumpleaños, ni tu graduación, ni ganaste el premio de la Academia, pero estoy segura de que hay muchas buenas razones para decir: “¡me felicito!
¡La neta, este año me la rifé!”
Y tú, ¿por qué te felicitarías?




