Luis Farías Mackey
Inflado cual fuelle de herrero Adán Augusto entró aquella mañana a Palacio Nacional. Contados tenía los días sin hacerlo para verse cara a cara y en privado con la titular del poder Ejecutivo federal. El solo hecho de que le franqueara de nueva cuenta la puerta del despacho presidencial era todo un triunfo: no solo sobrevivía a los tsunamis del huachicol fiscal, La Barredora, Bermúdez Requena y las presiones de sus correligionarios y medios, finalmente la propia presidente se veía obligada a buscarlo y encomendarle operar la salida, ni más ni menos, que del encargado de investigar las múltiples denuncias presentadas en su contra. El tiro era de carambola a tres bandas: lo resucitaba de la tumba política en la que lo habían enterrado, le ganaba la jugada a la presidente y a Harfuch, y era el encargado de fulminar al fiscal general de la República.
Rosa Icela, que meses antes lo había sentado a su vera cual chamaco regañado junto con Monreal, era ahora borrada del mapa para que la operación política de la crisis de Sheinbaum con Gertz Manero quedara bajo su exclusiva responsabilidad. El desaseo con que cumplió el encargo solo es equiparable a su pacto de impunidad con los Yunes, al nombramiento de su secretario de seguridad en Tabasco (Bermúdez Requena), a las misteriosas escalas de su vuelo de Paraguay a México o a la reelección de la piedra que encabeza lo que algún día fue la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Pero, qué más le da a él las formas políticas y la eficacia operativa ahora que ha doblado a la mismísima presidente del bastón de mando y del pitorreado catálogo de diez puntos de buena conducta morenista.
La salida de Gertz debió haber acontecido hace años y construida con inteligencia, así, algo que le debió haberle granjeado un cerrado aplauso a la presidente terminó arrastrándola al desprecio por las pifias de una pésima, absurda y hasta imbécil operación.
Sheinbaum, triunfando pierde en todos los frentes: Se deshizo de Gertz, pero éste se fue por las malas y pintándole un violín; el precio de su salida le significó salvar del oprobio y de la justicia a Adán Augusto y con él al cártel Tabasco, más que autoridad y fuerza mostró incapacidad y apocamiento y de frente le acosan nuevos desprestigios y mayores descalabros. Tras el desaliñado nombramiento de Ernestina Godoy como encargada del despacho, el procedimiento de designación del nuevo Fiscal, entre Zaldívar y la propia Ernestina, no le augura ni éxito ni reconocimiento.
El sexenio avanza disminuyendo percepción, capacidad y alcances de su persona y gobierno.
Ahora su corte palaciega de enanos le organiza manifestaciones de apoyo cada vez que sale y entra de su muralla de acero y giras inocuas de fin de semana, pero como cada lunes los plantones, los problemas, la economía, la inseguridad y la impotencia le sonreirán nuevamente, como sonreía Adán Augusto aquella mañana que tuvo que rogarle su ayuda, como posiblemente desde Alemania sonreirá Gertz a la distancia, como sonríen Andy, Assaf y Amilcar, y como seguramente sonríen en La Chingada.
Finalmente, Adán Augusto desconoce que los fuelles mientras más se inflan, más vacíos están.




