Por Alejandra Del Río
Las dictaduras no caen el día que se derrumba el palacio.
Caen mucho antes, cuando pierden legitimidad, aliados reales, oxígeno financiero y margen de maniobra internacional.
Y eso ya le había ocurrió al madurismo, aún antes de la intervención americana de la madrugada de este sábado.
Venezuela vive hoy la fase previa al colapso de una narcodictadura aislada, sancionada, sin respaldo democrático real y con un expediente criminal abierto en las principales cortes del mundo. La diferencia ahora es que, por primera vez en años, el escenario no es retórico: Estados Unidos ha dejado claro que no piensa tolerar la permanencia de los regímenes criminales que dominan el mapa político latinoamericano.
Trump no habla de “diálogo”sino de Guerra frontal contra los narcoregímenes…si con S, por que el de Maduro no es el único, aunque los defensores de la autodeterminación se rasguen las vestiduras y Noroña y otros encumbrados mexicanos lloren por el amigo caído al que abrazaron fraternalmente por años.
Así las cosas y México, peligrosamente, sigue apostando por el bando que si bien no ha caído del todo ya, indudablemente va a caer.
México, nuevamente se posicionó del lado incorrecto de la historia, mientras países de la región rompen, presionan, condicionan o se repliegan, o francamente tiemblan, el gobierno mexicano sostiene un apoyo político explícito a la narcodictadura de Nicolás Maduro.
Cito textualmente del comunicado emitido por el Gobierno de Claudia Sheinbaum:
-“El Gobierno de México condena y rechaza las acciones militares ejecutadas unilateralmente en las últimas horas por los Estados Unidos de América contra objetivos en territorio de la República Bolivariana de Venezuela…-”
Persiste en su posición incluso después de que se ha probado:
- La manipulación sistemática de procesos electorales en Venezuela
- La persecución y encarcelamiento de opositores
- La vinculación de altos mandos con redes de narcotráfico
- El uso de migrantes como arma política
- El financiamiento irregular de movimientos radicales en la región.
Pero sobre todo eso, el Gobierno de México no solo guarda silencio: avala.
Y al hacerlo, se amarra a un régimen que el nuevo eje de poder occidental ya decidió desmontar.
Trump no parece tener ninguna intención de negociar: viene a terminar con un regimen al que le ofreció la oportunidad de partir diplomáticamente, que se negó y al que ya desde hace mas de un mes le habían dejado en claro con portaviones y toda la fuerza del ejército norteamericano en su patio trasero,que no tenía escapatoria.
La diferencia entre esta etapa y todos los gobiernos norteamericanos anteriores es clara:
Trump no planteó presión diplomática simbólica, preparo con paciencia una extracción quirurgica de Maduro y la llevó a cabo, cumpliendo parte de su promesa sobre la erradicación de gobiernos que protegen y solapan narcodictaduras y terrorismo.
Venezuela, Nicaragua, Cuba y sus redes asociadas ya no son considerados por los norteamericanos como “gobiernos incómodos”, sino estructuras criminales transnacionales.
Colombia y México, están a una coma de pertenecer al párrafo anterior, México, al no corregir su postura, en defensa del gobierno de Maduro, ciertamente queda expuesto en territorio peligroso como aliado político de estructuras que Washington comienza a tratar como organizaciones delictivas, eso no es ideología, es un riesgo de Estado, si bien la Presidenta se puede escudar en la autodeterminación de los pueblos, la realidad es que el pueblo venezolano determinó hace un año sacar a Maduro de la Presidencia y eligió a Edmundo Rodríguez por mayoría, así que ¿Exactamente de que autodeterminación hablamos Presidenta? ¿De la de una Dictadura que se quiso perpetuar en el poder? o de la del pueblo venezolano que salió a las urnas impedidos a votar por su candidata natural que era Ana Corina Machado -por otra trastada del régimen- y votaron a favor de la oposición venezolana en cascada eligiendo a Rodríguez democratica y pacificamente.
Cuando el regimen Madurista caiga del todo (Cuando Delsi, Diosdado y todos los complices del dictador terminen doblando las manitas) —porque no se trata de si, sino de cuándo— México enfrentará tres consecuencias inevitables:
- Pérdida de credibilidad internacional
- Desconfianza de socios estratégicos en tratados comerciales y de seguridad
- Sospecha sobre la red política que sostuvo a esas dictaduras
Y esa factura no la pagarán los ideólogos del régimen. la pagará el país, que todos los días pierde mas viabilidad de inversión extranjera y liderazgo regional.
Los errores del gobierno de la 4T se están escribiendo en tiempo real:
México no está siendo “neutral” está siendo cómplice por omisión.
No está siendo prudente, está siendo estratégicamente torpe.
No está defendiendo soberanía, está apostando su reputación al colapso de un régimen criminal.
Y en política internacional, apostar al caballo que ya viene herido no es valentía: es irresponsabilidad histórica.
Pongamos las cosas claras: El madurismo no está cayendo orgánicamente, está siendo desmantelado completamente en este momento. Trump no amenazo solamente, Maduro va camino a Nueva York en un portaviones a enfrentar los cargos que ya se le habían imputado ante tribunales americanos.
Y México se compromete peligrosamente al condenar “enérgicamente” como reza su comunicado, la actuación del gobierno estadounidense, la pregunta ya no es qué pasará con Venezuela, que hoy está de fiesta, ya que no puede pasarle nada peor que lo que ya vivieron en los últimos 20 años de dictaduras.
La verdadera pregunta es: ¿Qué precio pagará Morena por haberse quedado del lado incorrecto y avalar al gobierno de Maduro.





