La insoslayable brevedad
Javier Roldán Dávila
A pesar de ser Donald, a la hora de ‘morder’ no se hace pato
El tiempo ha demostrado que, Donald Trump, no es ‘bocón’, amenaza y cumple.
Ante ello, la fragmentación que hoy vive América Latina entre gobiernos de ‘izquierda’ y ‘derecha’, es terreno fértil que facilita las injerencias estadounidenses: no hay la mínima unidad para enfréntalo.
Desde luego, Trump percibe lo anterior, ‘huele’ la debilidad del subcontinente, que es incapaz de construir un bloque diplomático de contención (el militar es inviable), por lo tanto, profundiza la situación.
La forma de hacerlo, es lanzar ataques verbales cuasi simultáneos, para ‘entretener’ a distintos mandatarios. Veamos un ejemplo.
Después del affaire Maduro, las evidencias indican que el régimen cubano sufrirá presión extrema, para ello, el beligerante personaje disparó dardos envenenados a Sheinbaum y Petro, dos aliados fundamentales de Díaz-Canel.
Así pues, la mexicana y el colombiano, tuvieron que asumir su propia defensa, socavando el esfuerzo conjunto para salir al quite de los isleños, fue una jugada de distracción.
Bajo la anterior premisa, la posibilidad de unirse en torno de una causa común disminuye y, en consecuencia, impera la vieja máxima: que cada quien se rasque con sus propias uñas.




