Fuera de Todo
Denise Díaz Ricárdez
En México hay mucho por hacer en materia de disminuir el número de niños, jóvenes y adultos que, aunque hablan una lengua, por innumerables motivos desconocen la lectura, la escritura y la comprensión del mundo que les rodea en plena innovación tecnológica.
Es el caso con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) sí muestra una gran disminución del analfabetismo de 1970 a la fecha, de 25 millones de personas en 1970 a 5 millones en 2020.
Se calcula lo siguiente en 2025:
A nivel nacional, de acuerdo con el INEGI, 4 millones 456 mil 431 personas no saben leer ni escribir, y más de 15 millones no han terminado la secundaria.
Los estados del sur del país, como Chiapas (13.68%), Guerrero (11.81%) y Oaxaca (12.45%), presentan los mayores porcentajes de analfabetismo, lo que refleja una desigualdad profunda en el acceso a la educación.
Solamente para completar:
En el censo de 2020 del Inegi se registraron 318 mil 755 analfabetas de 15 a 29 años; 682 mil, de 30 a 44; un millón 063 de 45 a 59; un millón 343 mil de 60 a 74 y; un millón 48 mil de 75 y más.
Las entidades más afectadas se localizan en el centro y sureste del país.
Por tanto, es más que importante darle prisa y atención a esta realidad social que sí afecta a la sociedad entera y como un mínimo también de justicia, por lo que las autoridades educativas federales y estatales y el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), tienen este gran compromiso.
El analfabetismo en México es aún un problema latente que afecta a un gran porcentaje de la población, especialmente en comunidades indígenas y áreas rurales. Limita el acceso a oportunidades laborales y educativas, también perpetúa la pobreza y la desigualdad social. La falta de habilidades de lectura y escritura impide a muchas personas participar plenamente en la vida cívica y económica del país.
A pesar de los esfuerzos del gobierno y diversas organizaciones no gubernamentales para reducir el analfabetismo a través de programas de educación y alfabetización, el progreso ha sido lento. Factores como la falta de infraestructura adecuada, recursos limitados y la desatención de comunidades marginadas complican aún más la situación.
Hay que abrir más preparatorias que queden cerca de las comunidades y no solo preparatorias, más secundarias, preescolares y primarias cercanos a los más desamparados.
Verificar que en verdad se construyan y una vez abiertas, supervisar que la educación sea de calidad, que los docentes asistan, que se preparen. Que el material pedagógico sea el adecuado, de acuerdo a las necesidades reales.
México merece resolver esto y más.




