José Luis Parra
La guerra contra el narco ya se perdió hace rato. Lo único que queda es ver quién cobra la renta del fracaso: si la DEA, la CIA o la pareja Trump-Rubio desde la comodidad de su sala de guerra fronteriza. Pero lo que sí es nuevo —y alarmante— es que ahora se está cocinando una ocupación blanda, con la bendición discreta del gobierno mexicano.
Mientras la presidenta Sheinbaum dice “no” a una intervención directa, el New York Times dice “sí, pero con sigilo”. Que no operan soldados estadounidenses, sino que colaboran. Que no hay ataques con drones, pero que ya hay presión para que los haya. Que no es una violación de la soberanía, sino una “asistencia compartida”. En otras palabras: ya estamos cediendo soberanía, pero con buena letra y en voz baja, para que no cunda el pánico.
Y mientras el teatro diplomático avanza, Marco Rubio, Secretario de Estado, entra como sheriff del viejo oeste exigiendo “resultados concretos y verificables”. La traducción es simple: o limpian los laboratorios o los limpiamos nosotros. Con o sin permiso.
Ya no basta con compartir inteligencia. Ahora quieren los controles, los drones y los comandos. Y si no, hay consecuencias: sanciones, aislamiento, desprecio diplomático o algo peor. A la administración Trump no le interesa si Claudia es presidenta o si la 4T presume soberanía. Lo que quieren es espectáculo y cadáveres en televisión para presumir que están ganando la guerra. Aunque sea otra guerra más perdida.
La cancillería mexicana, mientras tanto, dice lo de siempre: que hay respeto mutuo, colaboración, entendimiento. Nadie se atreve a decir que ya nos están exigiendo acciones inmediatas y que las juntas bilaterales de enero y febrero serán, en realidad, exámenes de obediencia.
Y claro, como si fuera una tragicomedia, el embajador Ronald Johnson dice que “juntos podemos construir un futuro brillante”. Suena bonito, hasta que uno se acuerda de Afganistán, Irak, Siria. Todos esos futuros también eran brillantes hasta que los apagaron a bombazos.
Este país ya no sabe si está defendiendo su soberanía o entregándola poco a poco a cambio de migajas de legitimidad. El ejército mexicano acepta “acompañamiento” y la presidenta repite que no habrá tropas extranjeras. Ambos dicen la verdad. Y ambos mienten.
Porque la intervención ya empezó.
Solo que no nos avisaron.





