NEMESIS
Fernando Meraz Mejorado
Hemos comenzado a vivir la pesadilla que viene, la escasez de agua. Esta es ya un problema en las grandes urbes, sobre todo en la Ciudad de México, pero su escalofriante viento ya se siente como la conversión del oro azul del cielo en polvo gris, de la tierra. Es como si la naturaleza estuviera castigando sutil pero severa a la naturaleza que retira el espejo de la vida.
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Es el silencio seco de las fuentes, la sed que avanza como un desierto sobre el verde del campo, convirtiendo ríos en arterias de arena y acueductos y tuberías en obradores de vacío.
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Porque más que escasez, es la invisibilidad de la contaminación que transforma la pócima vital en un veneno sutil.
Otra vez la corrupción de los gobiernos que con criminal vesania autorizaron fraccionamientos residenciales, edificios multifuncionales. Arrancando jardines y talando arboledas para trazar nuevas avenida y circuitos urbanos.
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Es la paradoja del náufrago: Es “agua, agua por todas partes y ni una gota para beber”, rodeados de mares salados o ríos enfermos sin capacidad de calmar la sed humana y ecosistémica.
La humanidad desgarró un velo muy sutil: Es el hilo de Ariadna que nos sostenía, y que ahora desgarrado, amenaza convertir el *progreso* que vivimos, en un escabroso, fatal desmoronamiento.
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Hablar de la inminente crisis del desabasto de agua es la poesía del movimiento que se detiene, un grito silencioso de la Tierra, de Gaia, que si no escuchamos hoy, nos convertiremos en él mañana. Irreversible, inminente, fatal. – oOo –





