Eduardo Sadot
Volar a Zurich o Lucerna para ir a Davos, donde solo se puede lelgar por tierra o helicóptero, es una experiencia única, estar en el Bunker donde se reúnen los líderes políticos y económicos del mundo es francamente impresionante encontrártelos en los pasillos, platicar con ellos y conocer de primera mano y en su idioma sus opiniones sobre política y economía suena fantástico.
A principios del siglo XXI llegar por tierra a esa altura de los Alpes – a menos que llegues en helicóptero como llegan todos los líderes – resulta interesante preguntar dónde es y ver algo así como un terreno baldío cubierto de nieve y cercado, con una especia de covacha de madera, parecida a las casas de los ingenieros residentes de obra, es la entrada, y bajar a las entrañas de los Alpes suizos en Davos, al Bunker con la más moderna tecnología para estar informado de todo lo que sucede en el mundo en tiempo real en lo político y en lo económico datos de todas las bolsas de valores del mundo, pantallas y salas de conferencias en todos los idiomas, caminar entre personajes de todas las nacionalidades, poder platicar con ellos en inglés, francés, alemán o en sus propios idiomas, no obstante que todos hablan inglés, muchas veces la mayoría para un periodista o familiarizado con esos temas, encontrase en un mundo de altísima política y finanzas obliga a no saber quien te ha saludado con cortesía, sin saber que puede ser un secretario de finanzas de la India, de Japón o de cualquier parte del mundo, francamente te deja impactado.
Ver anunciadas las conferencias de los famosos como personas o famosos por el país o empresa que representan y decidir, viendo los monitores a que conferencia asistir la verdad se siente como un niño en Disneylandia sin saber a que evento ir.
Para cualquier periodista académico, político o empresario la experiencia debe ser igual, bueno claro excepto para los políticos como Trump o los mas o menos diez presidentes o primeros ministros de los países más poderosos del mundo debe ser diferente.
Fuera de los horarios de eventos caminar por las calles de Davos reservar en cualquier restaurante – porque allá en ésta época de la reunión de Davos, sin reservación no hay donde comer – pero llegado el momento comer mientras en otra mesa puede haber premios Nobel comiendo a tu lado, o cualquiera de los personajes mencionados resulta increíble.
Algunos de los restaurantes más famosos, donde cocinan los más exquisitos platillos suizos y de la cocina mundial obligan a un recorrido de pocos kilómetros en una noche de luna sorteando caminos entre la nieve que demandan atención y pericia del conductor para no patinar ente el hielo, hasta llegar a una cabaña de madera, típica de cuentos suizos con su chimenea humeante, para degustar una buena cena, acompañada por un buen vino, sin faltar un buen fondue. Davos fue el escenario de Trump para hacer lo que quiso pero la flema europea es otra cosa y el rebote nunca es bueno.
Es sin duda en esos momentos cuando se entiende porque nuestros políticos regionales, que no han salido de su pueblo no pueden entender, que más allá de los primero diez kilómetros de sus pueblos, hay un mundo con experiencias, enseñanzas y oportunidades para ser aprovechadas y aplicadas en sus pueblos. Así y solo así puede entenderse la diferencia entre un político pueblerino que solo puede ofrecer promesas a su pueblo y un estadista que entiende a su país en el concierto internacional, y es cuando identifica oportunidades para sus gobernados.
Y menos pero mucho menos se tiene una visión comodina, oportunista y arribista de los que viajan en “first class” por el placer de ver que se siente y no piensan en lo que pueden aprender en beneficio de su patria.
eduardosadotoficial
@eduardosadot




