El Foro Económico Mundial de Davos reúne anualmente a presidentes, empresarios y expertos para avanzar en su análisis del futuro del planeta. Pero en el fondo de las elocuciones ideológicas crece un hecho que no está en discusión: la lucha por el liderazgo tecnológico es la lucha por la seguridad, la economía y el poder global.
Hoy no están en juego sólo los mercados sino los recursos estratégicos, las reglas del comercio internacional y la soberanía tecnológica de los países. Estados Unidos y Europa intentan consolidar su seguridad frente a un cambio del orden mundial que avanza a gran velocidad, en buena medida, por el avance tecnológico de China.
Para el presidente estadounidense Donald Trump, y para buena parte del Congreso, el debate ya no es un tema ideológico. El mundo está cambiando su política industrial. Los países de Europa, Asia y América Latina están incrementando su comercio con un país que tiene grandes avances en semiconductores, inteligencia artificial, robótica, armamento, tecnología aeroespacial, satélites y computación cuántica.
Para Washington, esa expansión no es neutra y la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad Estados Unidos—China (USCC), un organismo bipartidista del Congreso, está en alerta total
Uno de los puntos más críticos que apunta la USCC es el exceso de capacidad industrial de China ¿Qué significa? Que puede producir un enorme número de bienes estratégicos, muchos de ellos subsidiados por el Estado, y exportarlos masivamente a precios muy bajos.
Los sectores más sensibles son:
● Vehículos eléctricos
● Energía limpia
● Materiales avanzados
● Semiconductores básicos
El riesgo, desde la perspectiva de nuestros vecinos del norte, es una “desindustrialización prematura” de los países no estadounidenses, que dejarían de producir y dependerían de China. Todos sabemos que produce de más, subsidia el golpe y exporta barato hasta que tu fábrica cierre. Se perderían fábricas y, por lo tanto, soberanía.
La inquietud no sólo es para la industria tradicional. La Comisión también habla de biotecnología, robótica y sistemas autónomos, llegando a plantear la creación de un Laboratorio de Bio-Medición (BML) para liderar estándares globales.
Además, se insiste en algo poco visible pero muy importante, los cables submarinos que llevan la mayor parte del tráfico mundial de Internet, elementos clave para la economía digital y un creciente riesgo de sabotaje o incluso de espionaje.
En este contexto, la ciber-seguridad se ha vuelto obligatoria, incluyendo a robots humanoides y sistemas autónomos, que pronto vivirán entre nosotros.
Otro aspecto central de la cuestión es la creación de una Comisión Económica de Estado para coordinar de manera más eficiente el poder económico como un dispositivo de seguridad nacional.
Su objetivo:
● Unificar los controles de exportación.
● Fortalecer las sanciones.
● Atacar a las empresas chinas que eluden sanciones utilizando terceros países.
Todo esto responde a una estrategia de mayor calado para reorganizar la geopolítica a nivel global.
Y México, a pesar de lo que pensamos, no es solo un espectador, aunque no estoy tan seguro de que nuestros gobernantes estén conscientes. En tanto que está comercialmente alineado con EE. UU. y Canadá por el T-MEC, al tiempo que tiene fuertes vínculos con Europa, nuestro país también forma parte de tal bloque económico o tecnológico.
Eso implica poder y una gran responsabilidad, como diría el tío Ben: alinear intereses, robustecer la industria local, aprovechar la integración regional. El trayecto no es de ninguna manera sencillo, está lleno de amenazas políticas y económicas, pero sí es también una oportunidad real para crecer, crear empleo, reducir la dependencia del exterior.
A pesar de las tensiones, como las provocadas por la seguridad estratégica de Groenlandia, Davos dejó el mensaje de que los grandes bloques económicos necesitan reglas mínimas de cooperación comercial. Esto tiene que quedar claro: Groenlandia no es un capricho diplomático de Trump, es una plataforma del Ártico donde se cruzan rutas marítimas emergentes, minerales críticos y riesgos sobre infraestructura clave como los cables submarinos. Y no olvidemos que el mundo se está calentando, el hielo se derritiendo y eso va a abrir nuevas rutas marítimas que hoy todavía no son viables. Geografía convertida en poder. Y aunque todo el mundo compite, también sabe que romper puentes saldría carísimo.
La competencia por el liderazgo tecnológico alcanzará el empleo, la industria, la tecnología y la seguridad de nuestros países. Comprenderla es la primera forma de aprovecharla.




