Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“La razón no es otra cosa que el análisis de lo que se cree”. – Franz Schubert.
La decisión de autorizar el incremento a la tarifa del transporte público en Xalapa, que pasa de 9 a 12 pesos, ha generado una reacción inmediata en la opinión pública. No es para menos: cualquier ajuste al costo del pasaje impacta de forma directa en la economía cotidiana de miles de usuarios. Sin embargo, una lectura estrictamente social, desprovista de análisis económico y estructural, corre el riesgo de simplificar un problema que es mucho más profundo.
Durante más de cinco años, las tarifas del transporte público en la capital veracruzana permanecieron prácticamente congeladas, mientras los costos de operación siguieron una trayectoria ascendente. Combustibles, refacciones, llantas, seguros, mantenimiento y, más recientemente, el incremento sostenido al salario mínimo y la inflación generalizada, colocaron a los concesionarios en una situación financieramente insostenible. El ajuste autorizado busca, en ese sentido, permitir que el sector intente equiparar sus ingresos a los precios reales de los insumos que hoy enfrenta.
La medida asumida por la gobernadora Rocío Nahle García no puede entenderse como un acto aislado ni improvisado. Obedece a una lógica de actualización tarifaria largamente postergada y al reconocimiento de una realidad económica que ya no admite simulaciones. Sostener tarifas artificialmente bajas, sin acompañarlas de subsidios o apoyos estructurales, solo condujo al deterioro progresivo del servicio y del parque vehicular que circula en Xalapa.
Y es precisamente ahí donde se encuentra el otro eje del debate: la modernización del transporte público. El anuncio del proyecto de reordenamiento y renovación del sistema, que contempla la incorporación de unidades modernas importadas desde China, se perfila como una posible solución de fondo.

Unidades más eficientes, menos contaminantes y con mejores condiciones de seguridad y confort podrían transformar la experiencia del usuario y justificar, en términos de servicio, el ajuste tarifario.
No obstante, Xalapa no es cualquier ciudad. Su trazo urbano irregular, las pendientes pronunciadas, calles angostas y colonias de difícil acceso obligan a pensar también en alternativas específicas. No todas las unidades estandarizadas responden adecuadamente a las condiciones geográficas de la capital, por lo que será indispensable evaluar modelos con características técnicas especiales que garanticen eficiencia y durabilidad en este entorno.
Reconocer la necesidad de actualizar el costo del pasaje no implica desestimar el impacto social de la medida. Significa, más bien, asumir que sin ajustes responsables y sin una visión integral, el transporte público está condenado a la obsolescencia. El reto para el gobierno estatal será doble: vigilar que el incremento se traduzca en mejoras reales y acelerar un proceso de modernización que ya no admite más aplazamientos.
En Xalapa, el aumento al pasaje no es el problema de fondo; es apenas el síntoma de una deuda histórica con un sistema de transporte que requiere orden, inversión y visión de futuro.
Al tiempo.
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