Corre, lee y dile
Germán Martínez Aceves
El son jarocho es el ritmo de Veracruz; la décima, su literatura oral que recrea la fiesta, el convivio, el amor, la picardía, el humor y la crítica social-política. El Sotavento es cuna de una parte de la esencia veracruzana, es fandango y zapateado, jolgorio y creatividad que danzan y vuelan al ritmo de las jaranas, el arpa y el pandero.
Rafael Figueroa Hernández (Tlacotalpan, 1959), descendiente de una profunda estirpe sotaventina, se dio a la tarea de realizar una labor titánica: poner en el papel las décimas que por largos años han nacido y se han reproducido en la mente campesina del sureste veracruzano. El resultado, el libro La décima jarocha. Antología general dado a conocer por la Editorial de la Universidad Veracruzana.
El investigador del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la UV que se caracteriza por ser jarocho, rumbero, músico y poeta es también un coleccionista obsesivo de datos, de información y de grabaciones de los temas de su interés, los sistematiza y los transforma en libros que guardan la riqueza y profundidad de la cultura popular.
En su interesante “Estudio introductorio”, Rafael Figueroa explica: “La décima, como bien lo saben los pueblos latinoamericanos, puede ser vehículo de múltiples contenidos; desde los altamente culteranos hasta los más terrenalmente prosaicos; desde el amor romántico o fraternal, hasta el juego de palabras con doble sentido o el albur; desde la loa al terruño hasta la crítica política directa, con pelos y señales. Regalo del Siglo de Oro español, la décima ha florecido en América y a la fecha es una presencia viva y poderosa que ha adquirido sabores propios según la región en la que se le cultive, a pesar de la rigidez, real o aparente, de su forma estrófica. A festejar esa herencia desde nuestra región jarocha es a lo que se dedica esta obra”.
La antología nos muestra un panorama general de la décima jarocha que abarca del siglo XIX hasta nuestros tiempos actuales. Son un poco más de 250 décimas reunidas creadas por hombres y mujeres predominantemente del Sotavento, aunque hay de autores de otras latitudes, pues el género es un movimiento jarocho transcultural y trasnacional.
El autor hizo una clasificación y agrupó las décimas que recopiló en: décimas a la décima, a la identidad, al terruño, las décimas costumbristas, las décimas del son y del fandango, las décimas a la comida y a la bebida, las décimas a la belleza, las del desamor las de crónicas históricas, las de reflexión, décimas para niños, las de por natura, las dedicadas a la muerte, las de argumento, las de humor, las eróticas y las irreverentes.
Rafael Figueroa ubica en 1591 la aparición del libro Diversas rimas del malagueño Vicente Espinel en el que incluye décimas que a Lope de Vega le daría pie para nombrarlo el padre de la décima espinela, es decir, la estrofa de diez versos octosílabos con cuatro rimas consonantes.
Entre poetas y juglares las décimas llegaron a nuestro territorio y echaron raíces en un pueblo con imaginación y creatividad deslumbrante que compone en el aire y al momento con precisión y sentido.

Figueroa cita a Sergio Baldi quien define la “escuela poética popular…un caudal limitado de tipos melódicos y rítmicos, de temas y motivos literarios, de recursos métricos y procedimientos estilísticos”. Es la maravilla del ingenio popular que crea en la improvisación y en la inspiración esa combinación literaria-matemática-musical que hace vivir a la décima en la mente de sus autores, sus cantantes y seguidores y la adapta al contexto en la que se desarrolla.
Sorprende que algunos decimeros, sobre todo los de viejo cuño, no sepan leer y escribir, pero son excelentes creadores de décimas que logran vivir gracias a la transmisión oral de la “escuela poética popular”
Es difícil poner la nómina de todos los autores de las décimas que forman parte de esta antología, una especie de Cancionero Picot del Sotavento o Poesía en movimiento de son jarocho, pero por supuesto que se encuentran decimeras y decimeros que son históricos como: Guillermo Cházaro Lagos, Ana Zarina Palafox, Marcelino O. Ramos Hernández, Brenda Kurczynsky, Francisco Rivera Ávila “Paco Píldora”, David Rubio Galván, Constantino Blanco Ruiz “Tio Costilla”, Arcadio Hidalgo, Caterina Camastra, Ricardo Pérez Monfort, Vale Bejarano, José Samuel Aguilera, Jessica Gottfried, Manuel Munguía, entre muchos otros.
Qué mejor definición de la vida misma de décima que la que compuso don Guillermo Cházaro Lagos: “La décima se cultiva/ como si fuera una flor/ que se cuida con amor/ para mantenerla viva;/ y si no se la cultiva,/ la décima languidece/ y hasta morirse parece,/ sólo la voz del cantor/ la revive con primor/ y con su canto florece/.
La décima jarocha. Antología general, selección y ensayo introductorio de Rafael Figueroa Hernández, es de la Editorial de la Universidad Veracruzana, 312 páginas, 2025.
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