NEMESIS
Fernando Meraz Mejorado
En las avenidas, las que el lector quiera, y en la ciudad que sugiera, ahí está un grupo de niños y adolescentes, desarrapados y hambrientos, se reúnen para hacer de su desdicha un juego y de este obtener monedas para el sustento diario. Ignoran el aire helado y la mirada ajena de los conductores, que en mayoría reaccionan con furia cuando la chiquillada lanza una jerga a su vehículo. La escena es un relámpago de desesperanza y rabia.
Los niños, con franelas y esponjas, se lanzan sobre los autos detenidos por la luz roja del semáforo, limpiando los parabrisas con un movimiento rápido y preciso. Luego suplican una moneda, “solo para comprar un taco”, claman. Pero la mayoría de los conductores se apresuran a cerrar las ventanas, pasando por alto, la necesidad.
Los conductores, atrofiados por el tráfico, son indiferentes a la realidad, lanzan insultos y reproches, sin entender que esos niños son víctimas de un sistema que los ha olvidado. Los chamacos, sin embargo, no se amilanan. Devuelven el desdén con un silencio, un mutismo que es en realidad alarido de rabia contra una sociedad que no tiene lugar para ellos.
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Estas breves pero acusadoras y reiteradas escenas a fuer de ordinarias son sitio común que ya ni siquiera despiertan sentimientos de lástima, ni conmueve a los peatones que transitan aislados por el tráfico.
Pero en realidad son reflejo de la sociedad que hemos formado, en donde la educación y el bienestar de los niños son sacrificados en el altar de las tesorerías. Los gobiernos, con sus recortes presupuestarios, contribuyen a la desesperanza y la rabia que se acumula en las calles.
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De acuerdo con cifras del INEGI, el número de niños en situación de calle en México linda ya los cinco millones de menores de ocho y 12 millones.
Pero a ellos se suman los ancianos, madres solteras,y adolescentes que protagonizan historias tan desgarrandoras como aberrantes.
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Es hora de abrir los ojos y ver la realidad que nos rodea. Es hora de exigir a los gobiernos que prioricen la educación y el bienestar de los niños, que son el futuro de nuestro país. No podemos seguir ignorando el grito silencioso de estos niños, de todos los infelices, cuya cifra real no conocemos pero que claman por un lugar en la sociedad.-oOo-





