Joel Hernández Santiago
La presidente de México estaba exultante. Feliz. Su sonrisa –no tan frecuentes por estos días—no podía ser más explícita de su estado de ánimo. Había mantenido una llamada de media hora con el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump el jueves 29 de enero: y fue ‘muy productiva y en muy buenos términos’, dijo.
Por su parte, Trump escribió en X, momentos después de la plática con la presidente mexicana que:
“Los mexicanos deben estar felices por tenerla como líder”.
Todo esto muy bien. Con esta fueron ya diez y seis llamadas telefónicas y ningún encuentro cara a cara entre los dos mandatarios. Nada. No es necesario según el criterio de Trump, todo puede hacerse por teléfono, como a él le gusta. Y lo hace.
Y sólo recibe en el Salón Oval a aquellos jefes de Estado con los que quiere dialogar temas de su interés o para sacudirlos, como ocurrió durante la visita de Vladimir Zelensky a la Casa Blanca, el 28 de febrero de 2025, cuando Donald Trump y J. D. Vance, vicepresidente de EUA, le echaron montón y prácticamente lo lanzaron del lugar.
En un año de gobierno de Trump han ocurrido esas 16 llamadas con Claudia Sheinbaum. El contenido de esas conversaciones es desconocido aunque los resultados sí. Y es que ya se ha hecho costumbre que luego de cada plática entre ambos, la presidencia de México anuncia con bombos y platillos que “fue una conversación muy productiva, amable, cordial y respetuosa de la soberanía mexicana”.
Esa soberanía que durante casi un año era el escudo nacionalista de la presidente y de la que ya no insiste tanto en fechas recientes. ¿Acaso porque esa soberanía podría estar en riesgo con los acuerdos de “coordinación” que se dice que se han establecido entre ambos gobiernos?
Luego de algunas de esas llamadas supimos de la amenaza de aranceles a productos mexicanos; luego en otras resultó que no tanto porque se llegó a “acuerdos” –nunca se le dice a los mexicanos qué tipo de acuerdos y cuál es su costo político, económico y ‘soberano’-.
Un día Trump aplaude a Claudia Sheinbaum, le dice que es una mujer elegante, simpática, de buen trato, y al día siguiente asesta la afirmación de que en México no gobierna Sheinbaum sino los cárteles de la droga. Que México es gobernado por los criminales de la droga.
Otro elogio y otra agresión: una por una. Así que se han visto aeronaves miliares de EUA sobrevolando cerca o prácticamente en el espacio aéreo mexicano y aquí se argumenta que no hay afectación a la soberanía, que es parte de los acuerdos de “coordinación” entre los dos gobiernos.
Se dice en México que no se permitirá el ingreso de agentes de la CIA y de la DEA que pudieran operar en territorio nacional, pero por otro lado se conoce por los estadounidenses que ya han estado en suelo mexicano y que han llevado a cabo operaciones para detener a criminales perseguidos por ellos…
… Como objetivamente ocurrió el 23 de enero con la detención de Ryan Wedding, ex atleta olímpico canadiense y uno de los diez fugitivos más buscados por el FBI, quien fue arrestado en México y trasladado a EUA donde está acusado de dirigir una red transnacional de narcotráfico.
En contraposición a lo dicho por la presidente Sheinbaum, de que Wedding se entregó personalmente en la embajada de EUA en México, la Fiscal General estadounidense, Pam Bondi, dijo ese mismo viernes que Wedding fue trasladado en avión a Estados Unidos desde México tras su arresto, el cual se llevó a cabo –dijo- bajo sus órdenes, por lo que “agentes del FBI detuvieron en territorio mexicano al deportista convertido en presunto capo de la cocaína”. Lo mismo dijo el director del FBI, Kash Patel.
Y es que con frecuencia, luego de los diálogos telefónicos entre los presidentes de EUA y México, se hace alusión en el gobierno mexicano a que existen “acuerdos de coordinación”-“no de subordinación” y que por encima de todo está la defensa de “la soberanía mexicana”.
Sin embargo es notable cómo se llevan a cabo medidas que parecen atender la voluntad del presidente Trump, como ocurrió con la llegada del avión Hércules al aeropuerto civil de Toluca, o cómo luego de una llamada “cordial y productiva” el gobierno mexicano debió suspender el envío de petróleo al gobierno cubano.
Al respecto la presidente Sheinbaum dijo que en ningún momento se tocó el tema del petróleo que México envía a Cuba. “Somos un país soberano”. Sin embargo el sábado 31 de enero Trump la desmintió pues dijo que él le pidió que dejara de enviar petróleo a Cuba, a lo que ella aceptó.
Si. Se llevan bien los dos presidentes, siempre y cuando a Trump no se le contradiga, como es el caso del primer ministro canadiense Mark Carney y su discurso liberador en Davos, Suiza, en el que enfatizó que había que recurrir a “el fin del orden internacional basado en reglas” y destacó cómo ‘Canadá se estaba adaptando construyendo autonomía estratégica mientras mantenía valores como los derechos humanos y la soberanía’.
Trump le contestó con otra de sus frases agresivas y hasta groseras, como es su costumbre, mientras que para nuestra presidente va de elogio a elogio ¿por qué? ¿Acaso porque percibe sumisión? No queremos que sea así, pero todo este jaleo de simpatías y golpeteos genera suspicacias.
En todo caso el mismo Trump se encargará de hacerlo saber al mundo, como ocurrió cuando dijo muy orondo cómo “dobló al gobierno de López Obrador”, o como ocurre cada vez con sus envíos por X; o lo más reciente sobre el petróleo a Cuba.
Por lo pronto será bueno que, como se trata –según dice la Presidencia de México-, de pláticas cordiales y productivas, que se nos den a conocer las transcripciones puntuales de dichas conversaciones, para sentirnos contentos también nosotros, los mexicanos de a pie. ¿O no?




