* ¿Puede repetirse la marcha del silencio de 1968, la de los vestidos de blanco con el execrable Fox? Hoy nada será tolerado, sobre todo cuando está presente la posibilidad de que a quienes tengan la estatura de líderes, desacreditarlos con verdades o con mentiras, porque la exhibición desde la mañanera es arma contra la que no hay antídoto, y si lo hay se revierte, como lo hicieron con Xóchitl Gálvez, a quien transformaron por vía de la antipropaganda, en la candidata de oposición ideal
Gregorio Ortega Molina
Una vez concluida la Revolución armada, la dosis de sangre derramada en suelo mexicano ha sido dosificada, pero constante. Huitzilac, Serrano, Ángeles, Carranza, Villa, Obregón, Jaramillo, 2 de octubre, Aguas Blancas, Acteal, Ayotzinapa, hasta degradarse en desapariciones que no cesan, o disfrazar de ejecuciones entre narcos, pues qué otra cosa ocurrió en San Fernando, en Allende Coahuila, o la sofisticación excelsa de la muerte civil, del descrédito, de transformar al enemigo en sujeto execrable para la sociedad.
Sobre la sangre coagulada o la muerte civil y la deshonra pública, el tlatoani o la titular del Ejecutivo vierten el bálsamo de la corrupción, pues como aseverara Miguel de la Madrid Hurtado a Carmen Aristegui, es el aceite que hace funcionar los engranajes de la democracia, como puede constatarse con los 900 millones de pesos entregados a Adán Augusto para uso discrecional y sin comprobantes, aunque ahora dispondrá de ese modesto gasto Ignacio Mier. Es el regreso de los cañonazos de cincuenta mil pesos de los que se sirvió Obregón para pretender reelegirse, para aparentar un pavimento democrático sobre los cadáveres tendidos a su paso.
Con estos antecedentes cómo aspirar a vivir en democracia, si decidieron unir los tres poderes bajo la égida y tutela única del Ejecutivo, anular el pluripartidismo garantizado con los legisladores de partido y la ciudadanización del INE, y, además, perfeccionar las técnicas de represión mediática, pues para eso son las reformas legales y la cárcel preventiva o, de plano, las ejecuciones, al fin que pueden culpar al narco.
Y para las marchas pacíficas está el invento del bloque negro. Sólo Andrés Manuel López Obrador engañó al sistema con sus herramientas y transgresiones toleradas, como puede certificarse por el financiamiento a través de Manuel Camacho Solís y la ceguera de Alejandro Encinas, para dejar un plantón sin gente sobre Reforma.
¿Puede repetirse la marcha del silencio de 1968, la de los vestidos de blanco con el execrable Fox? Hoy nada será tolerado, sobre todo cuando está presente la posibilidad de que a quienes tengan la estatura de líderes, desacreditarlos con verdades o con mentiras, porque la exhibición desde la mañanera es arma contra la que no hay antídoto, y si lo hay se revierte, como lo hicieron con Xóchitl Gálvez, a quien transformaron por vía de la antipropaganda, en la candidata de oposición ideal.
@OrtegaGregorio




