Para Ily y Román.
En las Fuerzas Armadas Mexicanas, la lealtad no entraña tan solo una virtud militar más, constituye la columna vertebral de su doctrina. El 9 de febrero, representa una prenda de orgullo, pero también lo es, de memoria y reflexión. Al conmemorar La Marcha de la Lealtad, rendimos tributo a los muchachos del Colegio Militar, que siempre han estado a la altura de las circunstancias: escoltando una mañana como la de hoy al Presidente Madero, pero también liberando al Presidente Bustamante en 1840, sucumbiendo en Chapultepec en 1847 y cargando al sable en defensa del Presidente Carranza, en 1920.
Madero, rindió protesta como presidente en noviembre de 1911 y lo que parecía ser una fiesta democrática, derivó en el caos. Casi de inmediato, Zapata con quien nunca se pudo entender, lo desconoció y proclamó el Plan de Ayala, recrudeciendo la guerra en el sur. En diciembre de ese mismo año, Bernardo Reyes, antiguo Secretario de Guerra y Marina, frustrado aspirante presidencial, cruzó la frontera norte y se levantó en armas, cuando nadie lo siguió, decidió rendirse a un teniente de Rurales en Linares, Nuevo León, siendo ingresado en la prisión militar de Santiago Tlatelolco. En marzo de 1912, Pascual Orozco lanzó el Plan de la Empacadora, un burdo texto, por medio del cual intentó legitimar su rebelión al no ser favorecido con la gubernatura de Chihuahua. Orozco no era un enemigo menor, y pronto Madero ordenó el despliegue de tropas al norteño estado para combatirlo.
El General José González Salas, Secretario de Guerra y Marina y militar pundonoroso, solicitó licencia al cargo para comandar a las tropas leales. Concentró a sus tropas en Torreón y de ahí partió con una columna de trenes rumbo al frente. En la estación de Rellano, cercana a Jiménez, Chihuahua, los orozquistas emboscaron al convoy, lanzando una “máquina loca” cargada de dinamita que hizo estallar por los aires a los vagones del ejército, causando bajas entre tropas del Sexto Batallón de Infantería así como de zapadores, ahí murió el Mayor de Estado Mayor Nicolás Martínez, un mando muy apreciado y Jefe de Estado Mayor de la columna. González Salas, no pudo soportar la vergüenza del desastre, suicidándose en el “Pullman” de mando, su muerte fue muy sentida en todo el país.
El gobierno reaccionó oportunamente y formó la División del Norte Federal, que al mando de Victoriano Huerta marchó al norte, venciendo a los orozquistas y asestando la estocada final a los traidores el 4 de julio, en la afamada Batalla de Bachimba. Las fuerzas maderistas lograron la victoria por la inusitada suma de talentos revolucionarios y federales. Una combinación del arrojo y destreza de los primeros, con los conocimientos profesionales del arte de la guerra de los segundos. Por parte de los revolucionarios, destacaron hombres como Francisco Villa, Alvaro Obregón, Tomás Urbina, Manuel Chao así como Raul y Emilio Madero, hermanos del presidente. Entre los Federales, sobresalieron Victoriano Huerta, Joaquín Tellez, Guillermo Rubio Navarrete, Fernando Trucy Aubert y Jacinto B. Treviño.
Meses más tarde, Felíx Díaz, se levantó en armas en Veracruz. Intentó atraer a su causa al jefe de las armas en el puerto jarocho, el General Joaquín Beltrán. “El sobrino de su tío”, le envió una carta apelando a su condición de hijos del Colegio Militar, pero Beltrán respondió con una frase histórica: “ A mi deber, sacrificó mis afecciones o antipatías”. Acto seguido, apresó a Felíx Díaz, quien se salvó del paredón, porque ya no era miembro del ejército, fue entonces internado en la Penitenciaría de Lecumberri.
Como si el año de 1912 no hubiera sido uno de sobresaltos, 1913 llegó con otra rebelión, en esta ocasión, lamentablemente exitosa. Inició el domingo 9 de febrero, cuando tropas del ejército y alumnos de la indigna Escuela de Aspirantes, liderados por los generales Gregorio Ruiz y Manuel Mondragón liberaron a Bernardo Reyes y a Félix Díaz. Los rebeldes ocuparon el Palacio Nacional, que en cuestión de horas fue recuperado por las tropas leales al mando del viejo veterano Lauro Villar, Comandante Militar de la Plaza. Durante la refriega Villar fue herido de un tiro en la clavícula y Reyes abatido por una ráfaga de ametralladora disparada por el Capitán de Fragata Adolfo Bassó, Intendente de Palacio Nacional.
El resto de la historia es de sobra conocida, los sublevados se hicieron fuertes en la Ciudadela y a pesar de que el Golpe de Estado estaba condenado al fracaso, sucedió todo lo contrario por la traición de Victoriano Huerta. El miércoles 19 de febrero, a Madero y al Vicepresidente Pino Suárez, los hicieron prisioneros obligándolos a renunciar, tres días más tarde, los asesinaron. La Decena Trágica, manchó la honra del Ejército Federal, depositario de la victoria sobre la intervención y el imperio en 1867. Sin embargo, el honor militar de México quedó a salvo entre los leales a Madero en 1912 y 1913, pero también entre quienes conformaron a partir del 19 de febrero de 1913, al Ejército Constitucionalista, pie veterano del actual Ejército Mexicano. Gloria siempre a todos ellos.




