La minería se mantiene como un sector estratégico para la economía mexicana y, en los últimos años, ha tomado aún mayor relevancia debido al crecimiento global de la demanda de minerales críticos utilizados en tecnologías clave: electrificación (baterías), manufactura avanzada, semiconductores, infraestructura energética y sistemas industriales.
Este nuevo escenario está redefiniendo el papel de los países con capacidad minera, ya que los minerales estratégicos no sólo son insumos básicos, sino componentes centrales de las cadenas industriales del futuro.
En 2024, la industria minero-metalúrgica incrementó su participación dentro de la economía nacional: su aportación al PIB nacional pasó de 2.75% en 2023 a 2.77% en 2024, y en el PIB industrial de 8.63% a 8.70%. Estas cifras reflejan un sector que continúa consolidándose como uno de los pilares productivos del país.
Este mayor peso económico se acompañó de un mejor desempeño en comercio exterior. De acuerdo con cifras reportadas por el sector, las exportaciones minero-metalúrgicas totalizaron 25,583 millones de dólares y registraron un crecimiento de 9.9%, lo que confirma la creciente relevancia de México en los flujos internacionales de minerales y metales.
Un mercado en expansión y un entorno internacional más integrado
El entorno internacional está empujando a los países a reforzar su integración con las cadenas de suministro más relevantes del mundo. En esa lógica, Estados Unidos y México anunciaron un plan de 60 días para desarrollar políticas comerciales coordinadas relacionadas con minerales críticos y la resiliencia de cadenas de suministro, en un contexto donde estos insumos son considerados esenciales para industrias tecnológicas y energéticas.
Este tipo de mecanismos abre una oportunidad para que México no sólo mantenga su papel como productor, sino que fortalezca su posición dentro de la cadena de valor global, vinculando su capacidad minera con procesos industriales de mayor integración y competitividad regional.
Además, estos avances cobran especial relevancia en la antesala de la primera revisión conjunta del T-MEC, prevista para el 1 de julio de 2026, un proceso que tendrá implicaciones directas para la competitividad de América del Norte y para la integración productiva entre sus socios.
Inversión y competitividad: el eje para mantener a México en los espacios clave
La dinámica de la industria también se refleja en los niveles de inversión. Para 2024, el sector reportó una inversión de 5,063 millones de dólares, lo que subraya el papel de la minería como actividad ancla para operaciones industriales, proveeduría y cadenas de valor asociadas.
En un escenario donde los minerales estratégicos se han vuelto un insumo indispensable para las tecnologías que se están desarrollando hoy, México tiene condiciones para seguir consolidándose como un actor relevante: por su capacidad productiva, su ubicación geográfica y su integración comercial con América del Norte.
La clave hacia 2026 será fortalecer la conexión del sector con las cadenas de suministro más importantes del mundo y asegurar que México esté presente, de manera consistente, en las conversaciones y acuerdos que definen el rumbo económico regional y la industria del futuro.









