* ¿A quiénes importa Gerardo Fernández Noroña, o Alfonso Durazo, Rubén Rocha Moya? Los que saben de qué lado masca la iguana, tienen claro lo que espera el gobierno de la Casa Blanca, perfectamente identificado con esas ruinas arqueológicas que aparentan darle protección. El borde del precipicio se erosiona con rapidez pasmosa
Gregorio Ortega Molina
Supongo que, en algún momento del día, Slim, Chico Pardo, Germán Larrea y otros patriotas empresarios, se detienen a meditar sobre el futuro de sus conglomerados, los precios de sus acciones bursátiles en el mercado, la comercialización de sus bienes y servicios.
Llego a la conclusión de que no lo hacen, porque sus empleados y consumidores no les importan, si así fuera le hubieran parado sus pretensiones a los Peña Nieto, los López Obrador, los Sheinbaum Pardo, pero no lo hacen, se agachan, ofrecen más inversiones y crear empleos, lo que incumplen, como la hacen desde hace varios sexenios, cuando menos desde que Vicente Fox Quesada resultó pólvora mojada.
Su idea de Patria, de nacionalismo, de compromiso, está determinada por el gasto que hacen para disfrutar de la vida -en los términos que ellos así lo entienden- y lo que pueden constatar en sus estados de cuenta, en los balances empresariales, en el halo de riqueza que los diferencia de la pelusa social, de los políticos corruptos y, según ellos, muy lejos del narco sistema político que hoy determina, por sí o por no, su éxito empresarial.
Con seguridad ellos conocen la identidad de los representantes de los barones de la droga que tienen voz y voto en sus directorio, con idéntica certeza con la que se codean con los administradores públicos tan perfectamente relacionados con el poder económico del narcotráfico, y les garantizan sus contratos y la seguridad de ellos y sus familias. Así es como se conchaban entre ellos, para ser uno y lo mismo.
Los profesionales de la tramoya política, los voceros de un México bueno y sabio que únicamente existe como motivo de propaganda, se desgarran las vestiduras por los narco políticos, pero se resisten a denunciar un hecho que puede resultar innegable: también hay empresarios hermanados con la narco economía. Les pesa más la seducción por el dinero que la que los acercó al poder y les daba satisfacción por cumplir mínimamente con un compromiso social.
¿A quiénes importa Gerardo Fernández Noroña, o Alfonso Durazo, Rubén Rocha Moya? Los que saben de qué lado masca la iguana, tienen claro lo que espera el gobierno de la Casa Blanca, perfectamente identificado con esas ruinas arqueológicas que aparentan darle protección. El borde del precipicio se erosiona con rapidez pasmosa.
@OrtegaGregorio




