NEMESIS
Fernando Meraz Mejorado
Todo el mundo presenció el show de medio tiempo del Super Blow de fútbol en el estadio Levi’s de Santa Clara, California y todos aplaudieron a Bad Bunny’s, la estrella del espectáculo, con entusiasmo tal que los conocedores no vacilaron en reconocer su triunfo. Que ese triunfo del artista puertoriquense fue también el éxito de la cultura latina.
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Esto podría pasar por una nota más para los medios de la prensa del show bussines. Sin embargo tiene la mayor trascendencia, al haber sido el implícito reconocimiento de la música y el baile de “hip-hop” como la nueva expresión latina, junto a otras figuras con rango de excelencia con influencia universal.
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Muchos lo han calificado como una nueva forma de la decadencia que vivimos, pero no. La música y el baile popular son espejos que reflejan el alma humana, con sus luces y sombras.
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La danza, crisol de historias, pulsa en el pecho de los pueblos, un latido que narra silencios y gritos. Bailes ancestrales, raíces hundidas en la tierra, murmuran ritos olvidados, conectando al hombre con sus dioses, con la savia que alimenta la memoria.
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Pero el tiempo avanza, y la melodía cambia. El rock and roll, torrente eléctrico, así irrumpió en la escena, desafiando dogmas, liberando espíritus.
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El hip hop, poesía urbana, emerge desde el asfalto, pintando con palabras la realidad cruda, la voz de los olvidados.
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El rock and roll, grito de libertad, el hip hop, denuncia social. Ambos, danzas de rebeldía, herramientas de resistencia, ecos de un mundo que busca transformarse.
En cada paso, una historia. En cada ritmo, una lucha. La danza, eterna compañera, guía nuestros pies en el camino hacia la emancipación.–oOo–





