- Jornadas de 40 horas, con baja productividad e informalidad al alza
Miguel A. Rocha Valencia*
*Habrá que felicitar a los garbanceros del oficialismo que se disfrazan de legisladores por que “lograron una conquista” más en favor d ellos trabajadores a quienes entregaron una “primavera” al reducir por Ley, la jornada laboral a 40 horas en la que seguramente los empresarios dirán estar de acuerdo, aunque en el fondo estén pensando en cómo recuperarse del nuevo golpe cuatrotero.
Lo que para la demagogia es un acto de justicia social o laboral, para quienes generan empleo es un golpe más a la empresa que se suma no sólo al alza de impuestos y otras obligaciones, sino también a la estrategia de aumentos salariales sin un fundamento en la productividad.
Y no, no se trata de ninguna posición de derecha o a favor del sector explotador como dirían los izquierdosos trasnochados y gatopardistas, sino de simples reflexiones de economía que explican el porqué no hay inversión privada nacional mientras la informalidad empresarial y laboral continúa creciendo sin que a nadie le importe.
Incluso en un truco vil, como acostumbra la 4T, se suma a la Población Económicamente Activa ocupada a todos los informales para de esa manera bajar los índices de desempleo y afirmar que México tiene una de las tasas más bajas del mundo, cuando en verdad la economía formal se contrae con cada “ideota” que surge de la demagogia oficialista.
Se olvidan de mencionar que la informalidad alcanza a más del 54 por ciento de esa PEA y que más de 200 mil unidades productivas o empresas, se dieron de baja del IMSS y dejaron de cotizar prestaciones sociales e impuestos, incluyendo el dos por ciento de nóminas, porque ya no les alcanzó para cubrir las reivindicaciones sociales que van más allá d ellos contratos.
Presumen salarios históricos que alcanzan los 315 pesos diarios, las jornadas laborales de ocho horas que “garantizan” un día de descanso (no dos como pide la oposición) pero parecen no darse cuenta que frente a esos “jugosos” salarios mínimos, se presenta una pauperización de los ingresos simplemente por la ley económica de repercutir los aumentos en los precios de los productos generados.
Y es que a mayores salarios, crece el volumen de dinero en el pago de prestaciones como vacaciones, primas, vivienda, nómina, energía, salud y todo lo que le siga.
Empresarios no dicen nada, salen en la foto, afirman que van a meter mucho dinero, se habla de 200 mil millones de dólares en diversos proyectos, especialmente en energía y son parte del paquetote de 407 mil millones de dólares que tiene encarterados la secretaría de Económia, pero no aflora el dinero y aumenta la informalidad.
Los salarios, prestaciones e impuestos, pueden seguir creciendo, pero a costa de la inflación que, para este mes, ya inhibió la tendencia a la baja de las tasas de interés y las dejó en siete por ciento, en tanto que la carestía generalizada, más allá de la canasta básica sigue en aumento, igual que la informalidad laboral y empresarial.
Además, se suben salarios y se reducen jornadas laborales por decreto presidencial, aunque la productividad de los trabajadores mexicanos sea una de las más bajas dentro del grupo de 38 naciones agrupadas en la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos.
México es consistente en ser último o penúltimo en productividad, a veces superado por Colombia ya que a pesar de liderar en horas trabajadas (más de dos mil 200 al año), la producción por hora de México es de aproximadamente de 30 a 31 dólares, cuando la media para esas 38 naciones es de 70 dólares.
Lo peor es que con los estudios realizados por la OCDE se establece que la productividad laboral ha tenido un descenso acumulado del 6.3 por ciento entre 2015 y 2023, marcando un reto estructural, aunque no falta algún destacado miembro de la 4T que diga que estamos peor con Calderón.
El análisis revela que a pesar de ser México una economía grande y un exportador importante, la baja productividad está relacionada con la informalidad laboral, la falta de capacitación y la infraestructura en ciertas áreas.
Pero festejemos la nueva dosis de demagogia cuatrotera. A eso y vivir de endeudamiento se le llama economía ficción y tiene fecha de caducidad.




