Anahí García Jáquez
Francia. 1815. Edmundo Dantés lo tiene todo en la vida y el panorama no podría pintar mejor para él: tiene un futuro muy prometedor como el próximo capitán del barco El Faraón y está comprometido para casarse con su novia Mercedes. Todo ello está por cambiar, pues Edmundo será víctima de varias personas quienes, celosas de su éxito, harán lo que sea para acabar con él.
El conde de Montecristo es un trabajo del escritor francés Alejandro Dumas (con la colaboración de Augusto Maquet, su escritor fantasma de cabecera), y es una de sus obras más reconocidas que ha trascendido el tiempo, de manera tal que ha sido llevada a la pantalla chica y grande en muchas ocasiones y siempre gozando del favor de la crítica y el público en general. Es por ello que la trama es por demás conocida: Edmundo Dantés es traicionado por su compañero de trabajo Danglars y por Fernando, el primo de su prometida y que siempre ha estado enamorado de ella.
Estos dos hombres le tienden una trampa a Edmundo, y debido a ello es apresado injustamente en el castillo de If acusado de ser un espía del exiliado Napoleón Bonaparte, ayudados por el fiscal Gerard de Villefort.
En su encierro conoce al abate Faria, quien, además de hacerle ver que cayó en una trampa, lo instruye y lo prepara además de informarle de la existencia de un tesoro en la isla de Montecristo, del que dispone una vez que logra fugarse de la cárcel. Es en ese momento en el que comienza su venganza.
Y es justo la venganza el tema principal de este texto, pues Edmundo ve cómo su vida es truncada y pierde todo por lo que había trabajado por culpa de aquellos que tuvieron celos de su éxito profesional y sentimental. El autor nos muestra a un joven que pasa más de 10 años encarcelado y nos muestra la evolución de Edmundo, cuyo desarrollo de personaje es impresionante a grado tal que pasa de ser un chico noble e ingenuo a este hombre cuya sed de revancha se convierte en su motor para conseguir que se haga justicia, esa que le fue negada durante tanto tiempo.

Se nos presenta a un Edmundo que se va haciendo de varias identidades tanto para ocultar quién es en realidad y como estrategia para este juego del gato y el ratón que lleva a cabo con sus enemigos, a los que busca hacer pagar, pero también se dedica a hacer el bien, pues muestra su gratitud a todos aquellos que le han ayudado de alguna u otra manera, por lo que se ve a sí mismo como un instrumento en las manos de Dios, pues así como le quitaron cosas, él también se las quitará .
Y es así como tenemos a un protagonista con muchos matices, los cuales lo hacen muy humano y, por lo tanto, el lector se identificará con él.
El conde de Montecristo es un texto por demás extenso (más de 1000 páginas) y que además posee una gran cantidad de personajes, lo cual confundirá al lector en algunos momentos y sentirá que ciertas subtramas son innecesarias, pero si hay algo que caracteriza a esta novela es su ritmo tan ágil, digno del género de aventura al que pertenece, por lo que una vez que se inicia la lectura, entraremos en un viaje por demás vertiginoso, pues la tensión, la intriga y los giros de tuerca se hacen presentes a cada paso, además de que todo termina encajando perfectamente. Pero no todo es venganza, ya que nos encontraremos con que hay amor, amistad, lealtad, redención, honor, inteligencia, calma bajo presión, esperanza, paciencia y sabiduría. Es así como aprenderemos que a todos les llega su hora, como a Edmundo.
El conde de Montecristo. Alejandro Dumas. 1846. Editorial Literatura Random House.




