Giovanni Duayhe Zilli
Fotografía: Sebastián Rivera Hurtado
Dos inauguraciones y dos finales de Copa del mundo, la mano de Dios y el gol del siglo, una final de ida de Copa Libertadores, partidos de NFL, títulos de boxeo, conciertos de Michael Jackson y visitas papales; el estadio Azteca ha visto mucho.
Coyoacán, CDMX. Bajo un sol agobiante, aunque estemos en invierno, en los alrededores del coloso de Santa Úrsula, apodo con el que se le conoce en México por el barrio en donde se encuentra, el tráfico, los tranvías y el comercio ambulante no paran. Fuera de esta agitación, solo unas cuantas grúas, excavadoras y algunos obreros se vislumbran.
“A este ritmo, no sé si va a estar listo a tiempo, pero es la Copa del mundo, así que…” bromea una de las guardias de seguridad. “Ahorita están poniendo pasto artificial solo para poder recibir el partido amistoso entre Portugal y México en marzo”.
Algunos visitantes, enarbolando banderas extranjeras, se toman la foto frente al Sol Rojo, la escultura de acero de 25. 8 metros que preside la explanada del estadio. Obra de Alexander Calder, fue hecha para “La ruta de la amistad”, el corredor escultórico más grande del mundo, concebido en el marco de las actividades culturales de los Juegos Olímpicos de Verano de 1968.
Otras voces, menos entusiastas respecto al futbol, se hacen escuchar en los alrededores. Una disputa histórica desde la misma construcción del estadio en los años sesenta, enfrenta a los dueños —la empresa de medios de comunicación Televisa— y los vecinos de Santa Úrsula Coapa, a raíz del abastecimiento de agua potable. Un conflicto que perdura hoy en día.
A esto se le agrega la creciente preocupación de los residentes de antaño de la ciudad que han visto el precio de las rentas aumentar desmesuradamente desde hace una década, a causa de la gentrificación.
Se trata de los dos conflictos sociales presentes en la gran urbe, y por los que los organizadores podrían estar con el alma en un hilo.
Así y todo, grandioso, mítico, emblemático: así luce el estadio Azteca en pleno sur de la ciudad de México. A 120 días de sumar un nuevo episodio de carácter mundial a su haber, se prepara para de reescribir, una vez más, su nombre en letras en oro en la historia del deporte bello, cuando el balón finalmente ruede en el campeonato mundial de selecciones nacionales masculinas de futbol —organizado por México, Estados Unidos y Canadá— el próximo 11 de junio.




























