NEMESIS
Fernando Meraz Mejorado
Pareciera que el vaticinio de Porfirio Muñoz Ledo —uno de los fundadores de Morena— se cumple, como un río que avanza hacia el mar a pesar de los diques que intentan detenerlo: “Morena se desgajará”, dijo el brillante – desaparecido tribuno cuando decidió salir del movimiento, asqueado por el rumbo que Amlo le trazaba con sus delirios de piedra y sueño.
Cada día es más evidente la guerra interna que se libra en las entrañas del movimiento, como serpiente que se muerde la propia cola con afán de dominar el cuerpo que la alberga.
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Pareciera una escena tallada en la piedra de la mitología. Cuando el dios Saturno, aferrado al trono como un árbol a su raíz, casado con Rea, llamó a la adivina Gea —la voz misma de la tierra— quien le auguró que uno de sus hijos le derrocaría para arrebatarle el poder. Así devoró a cuatro de sus crías, como el desierto se traga el agua. Cuando llegó el quinto, la madre Rea lo llamó Júpiter y, en lugar de entregarlo, le llevó una piedra envuelta en pañales de sombra; Saturno la devoró de un bocado, creyendo haber aplastado el futuro entre sus dientes. Pero el tiempo creció con Júpiter, y este le despojó del trono del Olimpo como la lluvia despoja al polvo de su dominio.
Así pasará en Morena. Cada amanecer nos trae noticia de un nuevo escándalo en las huestes obradoristas, como olas que llevan consigo la mugre del fondo del pantano.
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Lo más triste es que esa lucha se libra a navajazos traicioneros en medio de un desierto de ideas. Los principios brillan por su ausencia como estrellas ocultas bajo niebla densa.
Los votos se compran baratos a un pueblo desesperado y hambriento, como tortillas duras y frijol con gorgojo a quienes no conocieron otra comida.
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La semana pasada vio la luz el libro “Ni perdón ni olvido”, de Jorge Fernández Menéndez y Julio Scherer Ibarra —un volcán que comenzará a arrojar lava durante todo el mes.
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Así va, a trompicones la disputa de Sheinbaum para imponer su reforma electoral: como corriente que intenta cambiar el curso de un río antiguo.
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Así la decisión del hermano de Ricardo Monreal, Saúl, quien pasó por alto la “recomendación” de Sheinbaum de no participar en la elección de 2027. Habrá otro berrinche presidencial, pues el joven Monreal está decidido a no ser menos que sus hermanos —como árbol que se alza para alcanzar la misma vía a la prevaricación que los que lo precedieron.
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La presidenta no alcanza a gobernar, nomás no puede y debe someterse a los designios del Mesías Tropical, quien entre el miedo de que Trump se decida a cerrar las puertas del norte y la angustia de haber perdido el control de su negocio, enturbia aún más el pantano que dejó en el palacio —donde cada paso se hunde en el barro del poder.
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Mientras, se advierte que en este febrero tendremos capítulos más intensos de eso que ahora llaman “política”: una ciena maloliente, en la que los actores caminan pero sabe hacia dónde navega.
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