Joel Hernández Santiago
A su modo, la presidente mexicana, Claudia Sheinbaum, está poniendo orden en la casa. Digamos que no a la manera como terminó el general Lázaro Cárdenas con el Maximato el 10 de abril de 1936 cuando ya harto de la intervención de Plutarco Elías Calles en su gobierno, de meter la cuchara en todo y no dejarlo gobernar, le ordenó que ya, en ese momento, se fuera del país.
No hace mucho salió de la Fiscalía General de la República Alejandro Gertz Manero. Era, digamos, una piedra en el zapato del gobierno de Claudia Sheinbaum. Bajo la sombra de López Obrador estuvo ahí y operó la procuración de justicia, aunque hoy se sabe que en casos lo hacía de forma selectiva. Tuvo roses con algunos miembros del gabinete actual y su salida era esperada, hasta el jueves 27 de noviembre de 2025 cuando presentó al Senado de la República su dimisión.
Francisco Garduño, tan mal querido en el país, no sólo por su muy cuestionada gestión al frente del Instituto Nacional de Migración, en donde mostró insensibilidad frente a un fenómeno social que merecía cuidados especiales: la migración de centro y sudamericanos en el país…
Pero esto que ya acarreaba inconformidades aumentó a grados insospechados porque él estaba al frente del INM el 27 de marzo de 2023, cuando se incendió la estancia migratoria de Ciudad Juárez, Chihuahua, que dejó 40 extranjeros muertos y 41 lesionados. Garduño salió ileso de su responsabilidad y hoy es funcionario en la Secretaría de Educación Pública en donde lo mantendrán por ahí, escondido, para evitar complicaciones.
A Adán Augusto López, el amigo “hermano” del ex presidente López Obrador lo retiraron de la coordinación de Morena en el Senado y de la Junta de Coordinación Política sin quitarle el fuero porque continúa como senador. Queda pendiente que responda a algunos señalamientos que será bueno que aclare. Ahora se dedicará, dice, a recorrer el país para hacer ganar y construir la mayoría legislativa de Morena en 2027. Sin embargo es un problema vigente para la 4-T.
El turno por ahora fue para un funcionario menor, Marx Arriaga Navarro, quien ocupaba el puesto de director general de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública.
Desde que inició su gestión fue un funcionario muy controvertido. Pero también muy apoyado por el presidente de la República entonces, Andrés Manuel López Obrador, y por su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, de quien Arriaga fue sinodal para la obtención de su Doctorado en Humanidades por la Universidad Autónoma Metropolitana.
Un funcionario de ideología marxista en modo dogmático, duro, intransigente. Fue el encargado de elaborar los libros de texto gratuitos para educación básica desde 2022, los que desde un principio fueron muy criticados no sólo por su descuido editorial (imprecisiones, faltas de ortografía, errores elementales…), como también por su enorme carga de adoctrinamiento infantil en sustitución del conocimiento universal, objetivo y pedagógico.
De alguna manera él decidía cuáles deberían ser los contenidos de esos libros. Durante la gestión de AMLO y aun al principio de la actual gestión. se le permitió hacerlo, enarbolando en todo momento un programa denominado “Nueva Escuela Mexicana”, de impreciso origen e intención.
Según el mismo Marx Arriaga, la “Nueva Escuela Mexicana” ‘es un modelo educativo crítico, humanista y comunitario que busca formar estudiantes con una visión integral y conciencia social. Centra el aprendizaje en el contexto comunitario y la transformación social.’
Todo bien, de hecho las corrientes de izquierda mexicanas buscan eso, la transformación social. Pero esto ocurrirá desde el ámbito social, democrático y participativo. La izquierda mexicana busca la justicia social, la igualdad y el todo cumplido para todos. Y está muy bien.
Pero se da el caso de que la aportación de Marx Arriaga a esa transformación pasaba por el adoctrinamiento de los niños, aprovechándose de su falta de conciencia crítica. Los libros inoculan el odio histórico en lugar una enseñanza universal para comprender el mundo y su circunstancia y de ahí partir para tomar sus propias decisiones a lo largo del camino; no decisiones inducidas a través de la obligatoriedad del dogma y la intransigencia.
Según él mismo Arriaga declaró el 13 de febrero, cuando le avisaron que su oficina sería transformada –lo que equivale a decirle adiós—, que en la SEP “Hay funcionarios públicos que no fueron formados en el obradorismo, que fueron formados en las cloacas neoliberales de las instituciones que están operando para beneficiar a los intereses privados…”
… “Autoridades “corruptas” que –dijo- le pidieron cambiar el contenido de los libros de texto. Pero me opuse”, dijo, porque según su criterio había que mantener este tono crítico e irrefutable para fortalecer esa “Nueva Escuela Mexicana”…
A lo largo de los meses recientes tenía enojo con las autoridades de la SEP, de las que se consideraba incomprendido. Y por lo mismo señalaba corrupción. Acusó de querer privatizar a la educación pública de México. Acusó de explotar a los trabajadores. Acusó de injusticias al interior de la Institución y genero discordias entre trabajadores…
Arriaga se sentía paladín de la educación pública en México. Al momento de anunciarle que dejara su oficina, enfrentó al funcionario que le dio el aviso y a policías que acudían con él; exultaba que le pusieran las esposas de detención al “creador de los libros de texto gratuitos de México” y se negó a atender el requerimiento de la autoridad educativa.
El problema de elegir a gente sin la sensibilidad suficiente para entender su tarea en modo creativo, propositivo y pedagógico da como resultado a un personaje que ahora cargará en contra de la misma secretaría que le dio cobijo durante estos años.
Bien que Marx Arriaga deje este responsabilidad que no supo valorar. Poco a poco se desgrana la mazorca de la 4-T pero y… ¿Hacia dónde va…? ¿Quién lo sabe? ¿Lo saben ellos? ¿Es esta la izquierda que tenía prometida?




