Pablo Gato
Cuando hoy una corresponsal de guerra del Washington Post es notificada de su despido mientras cubre el conflicto entre Ucrania y Rusia y se juega la vida, mientras las coberturas internacionales apenas existen y mientras la prensa tiene cada vez menos acceso a lugares de conflicto como Gaza o Ucrania, se alza el maravilloso recuerdo de la revista americana Life.
Es un tesoro del periodismo. Cada número no solo informaba de lo más relevante en el mundo, sino que también se hizo famosa por la maravillosa calidad de sus fotos.
Y ahí, en un flea market, me encontré un ejemplar de Life y quiero rendir un homenaje a este periodismo con letras mayúsculas que lamentablemente hoy existe con cuentagotas o ya está recibiendo la extremaunción.
Este ejemplar es un ejemplo perfecto de lo que fue Life. Además de muchos otros reportajes, tiene uno de la guerra en Vietnam, cuando EEUU aumentaba más y más su presencia en el país.
Las fotos y los testimonios son impactantes. “Cada diez segundos un hombre caía”, se narra sobre la ferocidad de los combates.
Las fotos son desgarradoras. Hombres llorando, rotos y heridos física y mentalmente de por vida, soldados corriendo para evitar las balas, militares asistiendo a heridos en una lucha titánica por salvarles la vida, el terror del combate reflejado en los rostros de los soldados, padres desesperados intentando salvar a sus hijos y una niña herida y traumatizada intentando caminar con un bastón improvisado mientras vemos la cruz cristiana en su cuello.

Esas son solo algunas de las increíbles imágenes que capturó el fotógrafo Horst Faas. Era alemán.
Nos recuerda al famoso Robert Capa, fotógrafo húngaro y que se hizo famoso por sus coberturas de la guerra civil española, la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Vietnam.
Estuvo en el peligroso desembarco en Normandía.
Eludió la muerte en numerosas ocasiones, pero su suerte acabó al pisar una mina en una asignación en Vietnam.
“Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es porque no te has acercado lo suficiente”, era su lema.
No se trata de ser famoso ni ganar mucho dinero. Se trata de informar como servicio público.
En un mundo tan desinformado como el actual, es más importante que nunca.
Periodismo con letras mayúsculas.




