Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“Mientras no haya una distribución equitativa de la riqueza, no habrá paz”. – Elena Ochoa.
A un año y casi dos meses del inicio del gobierno de Rocío Nahle García, en Veracruz comienza a respirarse algo que durante mucho tiempo parecía extraviado: rumbo.
No se trata aún de una transformación total —nadie serio podría afirmarlo en tan corto plazo—, pero sí de una tendencia clara. Una señal de que el aparato estatal, que durante años operó entre inercias, rezagos y desconfianzas, hoy empieza a alinearse bajo una lógica distinta: orden financiero, inversión pública con sentido social y recuperación del orgullo local.
Este primer corte de caja obliga a mirar más allá del discurso político. Hay elementos concretos que ya están impactando la vida cotidiana y que permiten hablar de una administración que, sin estridencias, ha optado por hacer su parte: hablar bien de Veracruz… pero, sobre todo, hacerlo bien.
Finanzas: el cimiento silencioso
Todo gobierno que aspire a cambiar realidades necesita primero estabilizar sus cimientos. Y en Veracruz, ese cimiento históricamente ha sido el más frágil: las finanzas públicas.
La disciplina financiera ha sido, hasta ahora, la columna vertebral del gobierno de Nahle. No es casual que el estado se ubique hoy como el número uno en el aumento de participaciones federales. Este dato, que podría parecer técnico, tiene implicaciones profundas: refleja confianza institucional, orden administrativo y capacidad de gestión ante la federación que encabeza Claudia Sheinbaum Pardo.
En términos simples: Veracruz dejó de ser visto como un barril sin fondo.
El manejo responsable del gasto ha permitido no solo estabilizar las cuentas, sino avanzar en el pago de la deuda heredada. Durante años, el endeudamiento fue una losa que limitó cualquier intento de desarrollo real. Hoy, sin anunciarlo como una hazaña propagandística, el gobierno ha comenzado a reducir ese peso.
Menos deuda significa más capacidad de inversión. Y eso empieza a notarse.
Infraestructura: lo que el ciudadano sí ve
Si hay un rubro donde el cambio comienza a sentirse de forma tangible es en el mejoramiento carretero.
Durante décadas, recorrer Veracruz fue sinónimo de abandono: caminos deteriorados, trayectos interminables y una conectividad que castigaba la competitividad regional.
Hoy, aunque aún falta mucho por hacer, el rescate de la red carretera ya es evidente. No es una percepción aislada: transportistas, productores y ciudadanos comienzan a notar que los trayectos se reducen, que la movilidad mejora y que la obra pública deja de ser un anuncio para convertirse en una realidad.
La infraestructura no solo conecta territorios; conecta economías.
Mejorar caminos implica facilitar el traslado de mercancías, fortalecer el turismo interno y reducir los costos logísticos que históricamente han frenado la inversión.
Y precisamente, la inversión comienza a llegar.
Inversiones: la confianza regresa
El orden financiero y la estabilidad institucional están generando algo que no se decreta: confianza.
Nuevos proyectos productivos, ampliaciones industriales y capitales que vuelven a mirar hacia Veracruz empiezan a aparecer en el radar. No se trata de megaproyectos espectaculares —al menos no aún—, sino de una recuperación progresiva del interés empresarial.
Eso es clave.
Porque el desarrollo sostenido no se construye solo con obra pública, sino con actividad económica que genere empleo y dinamismo local.
Cuando un estado deja de ser visto como riesgoso, la inversión llega.
Y cuando llega, el crecimiento deja de ser una promesa.
Salud: prioridad con resultados visibles
Uno de los temas más sensibles —y donde más rápido se evalúa a cualquier gobierno— es la salud.
En este rubro, la administración estatal ha colocado la atención médica y el abastecimiento de medicamentos como prioridad. Los resultados recientes muestran mejoras en la entrega y disponibilidad de insumos, una de las demandas históricas del sistema estatal.
Durante años, la escasez de medicamentos fue símbolo del abandono institucional. Hoy, sin proclamaciones triunfalistas, se reportan avances en la cobertura y distribución.
La diferencia radica en el enfoque: dejar de administrar la crisis para comenzar a resolverla.
Si bien el sistema aún enfrenta desafíos estructurales, el cambio de tendencia comienza a ser perceptible.
Educación y cultura: reconstruir tejido social
El fortalecimiento educativo ha avanzado con una lógica similar: menos anuncios y más continuidad.
Mejoras en infraestructura escolar, atención a rezagos regionales y programas de fortalecimiento académico empiezan a integrarse como parte de una política que busca reducir brechas históricas.
En paralelo, la cultura ha recuperado un lugar central.
Y ahí es donde emerge uno de los símbolos más poderosos de este primer año de gobierno.
El Carnaval: algo más que fiesta
El reciente Carnaval de Veracruz no fue solo un evento turístico.
Fue una señal.
El ambiente que se vivió evocó los mejores tiempos de una celebración que durante años perdió brillo entre crisis de seguridad, desorganización y apatía institucional.
Hoy, el Carnaval volvió a sentirse como una fiesta del pueblo y no como un acto protocolario.
Familias en las calles, visitantes regresando, economía local reactivándose y un ánimo colectivo que parecía olvidado.
El turismo no se impulsa únicamente con campañas publicitarias; se construye con experiencias positivas.
Y este Carnaval dejó una impresión clara: Veracruz puede volver a ser destino, no solo tránsito.

Turismo y Cultura: identidad como motor económico
La recuperación del espíritu festivo es también recuperación de identidad.
Y en un estado con la riqueza cultural de Veracruz, esa identidad es un activo económico.
Eventos culturales revitalizados, promoción regional y mejoras en infraestructura comienzan a articular una narrativa distinta: la de un Veracruz que no solo conserva su historia, sino que la proyecta.
El turismo, entonces, deja de ser un sector aislado y se convierte en parte de una estrategia integral de desarrollo.
Gobernar también es cambiar la conversación
Durante años, Veracruz fue noticia por escándalos, deudas y crisis.
Hoy, sin negar los retos que aún persisten, el gobierno estatal parece haber asumido una tarea fundamental: cambiar la conversación.
No mediante propaganda, sino mediante resultados.
Hablar bien de Veracruz implica primero hacer que Veracruz funcione mejor.
Y eso comienza por ordenar las finanzas, mejorar caminos, fortalecer la salud, impulsar la educación y reactivar la vida cultural.
Balance: lo que ya se siente
A un año y casi dos meses, el balance no puede ser definitivo.
Pero sí permite identificar una tendencia:
- Un manejo financiero que genera confianza.
- Un proceso sostenido de pago de deuda.
- Infraestructura que empieza a mejorar la conectividad.
- Atención médica con avances visibles en abastecimiento.
- Turismo revitalizado a través de identidad cultural.
- Inversiones que comienzan a regresar.
Nada de esto es espectacular por sí mismo.
Pero en conjunto, configura algo más importante: estabilidad.
El desafío hacia adelante
El verdadero reto será sostener esta línea.
Porque el entusiasmo inicial puede disiparse si no se consolida en resultados estructurales.
Veracruz necesita que esta disciplina financiera se traduzca en crecimiento económico sostenido, que la mejora en salud se convierta en calidad de atención permanente y que la inversión privada encuentre condiciones duraderas.
El gobierno ha empezado a hacer su parte.
Ahora deberá demostrar que este rumbo no es coyuntural, sino estratégico.
En política, hay momentos que marcan rupturas y otros que marcan transiciones.
Este primer año del gobierno de Rocío Nahle parece pertenecer a la segunda categoría.
No es aún el punto de llegada.
Pero sí el inicio de un trayecto que, por primera vez en mucho tiempo, empieza a sentirse en la vida diaria de los veracruzanos.
Al tiempo.
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