EN MI OPINIÓN
Emilio Trinidad Zaldívar
A pesar de que le resulta un pesado lastre, una carga, un gigantesco problema no solo de carácter nacional sino al norte de nuestra frontera, Claudia Sheinbaum Pardo no pedirá que Marina del Pilar Ávila Olmeda renuncie a la gubernatura -a pesar de la urgencia de ello-, porque tiene sobre sí un peso mayor que no le permite ni moverse ni gobernar con libertad.
Ese peso mayor se llama Andrés Manuel López Obrador, el “demonio de Tabasco”, que le tiene prohibido actuar en consecuencia de la urgente necesidad que tiene la presidenta de sacudirse a del Pilar Olmeda para reorientar la ruta y mejorar el escenario, hoy sumamente difícil para Morena por tanto escándalo de corrupción, de vinculación con el narco, de la imparable inseguridad, y de las luchas y acusaciones internas que han sacudido las entrañas del gobierno y de ese partido.
Baja California se le puede complicar al Movimiento que encabeza el perverso cacique tabasqueño, porque el escándalo de la gobernadora y de su supuesto “ex esposo”, dejaron de ser tema local para dinamitar como asunto de interés, morbo y daño nacional, con consecuencias que pudieran ser desastrosas para los morenos.
Las graves acusaciones que pesan sobre Carlos Torres y sobre la misma Marina del Pilar, hacen suponer a muchos dentro de la estructura mayor de Morena, que él debe terminar en la cárcel y ella pidiendo licencia para apaciguar las aguas, para que la investigación tome su curso, y para que le quiten al gobierno federal tanto descrédito acumulado en tan corto tiempo.
Hay voces del grupo gobernante que apuntan a que en algunas semanas más, la frívola tiktotera, cantante y bailarina -metida a gobernadora-, abandonará el palacio de gobierno del Centro Cívico de Mexicali, para que de forma interina asuma como relevo el diputado federal Fernando Castro Trenti (experimentado político pero que hoy difícilmente ganaría el cargo en una elección), porque su madurez política y mano firme podrían ayudar a apaciguar el estado y a conciliar a los grupos al interior de Morena en la entidad, que tanto necesita hoy por vivir en permanente corrupción, saqueo y escándalo.
Castro Trenti tiene cercanía con Sheinbaum Pardo y es de todas las confianzas de Ricardo Monreal, por lo que su llegada en esas condiciones podría garantizar orden y rumbo, sin embargo en lo local, no goza de buena fama pública.
Para muchos, el ex senador, ex embajador y ex candidato a gobernador no es muy querido en el estado, pero reconocen que hoy sí es necesario su extendido colmillo, si se quiere recuperar la gobernabilidad perdida desde hace tiempo en Baja California.
Las voces sensatas de Morena en el Congreso, dentro de ese partido y en la estructura del gobierno federal, aseguran que de darse este -dicen- urgente movimiento, Sheinbaum Pardo podría acceder a la petición de Marina del Pilar Ávila, en el sentido de que, de salir ella, entonces el candidato guinda al gobierno estatal en el 2027, sea su secretario general de gobierno, Alfredo Álvarez Cárdenas, que ha venido recorriendo la entidad por las tareas que le impone el encomienda.
Los otros aspirantes (algunos muy desprestigiados) como el senador Armando Ayala Robles; el alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño Ruiz, y la diputada Alejandra María Ang Hernández -que no pudo comprobar el origen lícito de los más de 800 mil pesos que le quitaron en Calexico al intentar cruzar-, no tendrían posibilidades de ganar si el joven comunicador Gustavo Macalpin crece como candidato ciudadano arropado por algún otro partido o coalición.
Él ha dicho -sabiendo que hasta hoy solo es reconocido en Mexicali– que probablemente iría por la alcaldía de la capital de la entidad, pero que, en una de esas, si logra las simpatías de los ciudadanos de los otros seis ayuntamientos, entonces valoraría la aventura de buscar ser gobernador.
De Morena hay dos mujeres más que quieren ser consideradas como posibles candidatas, una es la ex alcaldesa de Tijuana, Montserrat Caballero, y la otra la diputada federal Evangelina Moreno Guerra.
La oposición no tiene dentro de sus cuadros a nadie con posibilidades de arrebatarle a Morena el gobierno estatal, por lo que el PAN, el PRI y Movimiento Ciudadano tendrán que integrarse, unirse para dar la pelea con algún rostro nuevo si es que quieren lograr algo. Sí juntos difícilmente ganan, menos si lo hacen por separado.
Ahí valdría la pena saber, ¿qué harán Jorge Hank y su hijo; Guadalupe Gutiérrez Fregoso y Gina Cruz, por citar sólo a algunas figuras de la oposición en Baja California?
Morena tiene en su poder el gobierno del estado, los siete municipios, el Congreso local y todos los distritos electorales, ¿habrá entonces forma de ganarle?
Lo cierto es que hoy por hoy Marina del Pilar Ávila Olmeda y Carlos Torres huelen a azufre, que, de no retirarlo, erradicarlo, terminarán contaminando, lastimando más las ya dolidas bases de Morena en el estado.
Si ella se queda al frente del gobierno del estado, irán cuesta arriba y remando contra corriente por la necedad de un solo hombre que cree que México le pertenece.
Claudia Sheinbaum no le debe nada a Marina del Pilar; ella llegó por López Obrador, arropada e impulsada por Mario Delgado, y en la sucesión presidencial, se la jugó abiertamente en favor de Adán Augusto López Hernández, que tremendo daño le ha causado a Morena y al gobierno federal que encabeza la aún débil presidenta Sheinbaum Pardo. ¿Entonces, no actuará en razón de algunos de los necesarios y urgentes ajustes que debe hacer como presidenta de la República?
El “ex esposo” de la gobernadora, Carlos Torres, presuntamente recibía tres millones de pesos mensuales por parte del cartel de “Los Rusos”, y está acusado de narcotráfico, lavado de dinero y tráfico de armas, por lo que arrastrará irremediablemente a la peor jefa del Ejecutivo estatal que haya tenido Baja California.
El tiempo corre y si Sheinbaum no actúa, da un manotazo y corrige el rumbo de su gobierno, a ella se le va a complicar la revocación de mandato.
APUNTES FINALES…
¿Qué papel jugarán en la sucesión de Baja California, Jaime Bonilla, Amador Rodríguez Lozano y Fernando Castro Trenti -de no ser el interino que se dice se cocina- entre otros políticos hoy supuestamente de izquierda de la entidad? ¿O los que se queden en el camino?… Y, por otro lado, pero hablando de pésimos gobernadores, ¿entregará Sheinbaum a Rocha Moya a las autoridades norteamericanas si se atreve a removerlo del gobierno de Sinaloa? Por lo pronto, México entero ve con asombro, indignación, frustración y enojo, la brutal impunidad que ofrece y otorga la presidenta a tanto delincuente dentro de su gobierno y su partido.
Sheinbaum Pardo es el mayor escudo para que la corrupción y la carencia de justicia sean exhibidos todos los días sin castigo alguno. Qué descaro. Qué cinismo.
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