InicioJuan Luis ParraEl país donde todos ganan… hasta que se vota

El país donde todos ganan… hasta que se vota

Juan Luis Parra

 

En el agregado nacional, Omar García Harfuch aparece como favorito rumbo a 2030 con ventajas de doble dígito sobre otros perfiles de Morena y de la oposición; en Nuevo León, Adrián de la Garza ronda el 30% y encabeza, con MC y Morena moviéndose en el bloque de 20–25%; en Sonora, Luis Donaldo Colosio Riojas supera apenas el 30%, con Antonio Astiazarán y Lorenia Valles respirándole en la nuca. Tres fotos distintas, un mismo titular: alguien “va ganando”.

Y ahí empieza el problema.

Porque esos números no explican nada. Apenas acomodan nombres en fila.

¿Cinco puntos en Sonora definen algo? ¿Un 30% en Nuevo León es fuerza real cuando la mayoría sigue sin elegirte? Se vende como ventaja lo que en realidad es fragilidad.

La encuesta convierte dudas en certezas. Y lo hace con una eficacia inquietante.

Pero el contexto ya no es el mismo.

Mientras los estudios reparten porcentajes, el poder se reorganiza fuera de la gráfica. Hoy sabemos que perfiles ligados a la llamada 4T buscan sentarse en el Consejo General del INE. No es un detalle menor. Es el tablero cambiando mientras seguimos viendo el marcador.

Entonces la pregunta deja de ser cómoda.

¿Quién va arriba en la encuesta?

¿O quién va a contar los votos?

Porque el árbitro también está en disputa.

La American Historical Association lo advirtió desde 1946: las encuestas no solo reflejan opinión, también pueden moldearla. Pueden sugerir mayorías, empujar conversaciones, incluso distorsionar percepciones. Pero ese análisis partía de algo que hoy tambalea en nuestro país: instituciones confiables.

Si la encuesta construye narrativa y el árbitro pierde distancia, ya no estamos midiendo. Estamos condicionando.

Y ahí entra lo que muchos prefieren rodear: el Tribunal Electoral.

Las señales están ahí. Resoluciones discutibles. Interpretaciones que estiran la ley hasta volverla irreconocible. Casos incómodos que se diluyen en tecnicismos. Siempre favoreciendo en la misma dirección.

No se rompen las reglas. Se doblan.

¿Y si ahora el INE empieza a poblarse, aún más, de perfiles cercanos a Morena?

El patrón es difícil de ignorar.

Primero el Ejecutivo marca la agenda.

Luego el Legislativo acompaña.

El Judicial se diluye.

El Tribunal valida.

Y el árbitro electoral empieza a inclinarse.

¿Falta algo?

Sí. Dejar de fingir que las encuestas son el centro de la conversación.

Porque puedes ir arriba en todas.

Puedes dominar titulares.

Puedes presumir 35% o 40%.

Pero si el terreno ya no es parejo, la pregunta cambia.

Ya no es quién gana.

Es si alguien más puede hacerlo.

¿La presidenta y Morena serán dueños de todo?

No necesitan serlo en el papel.

Les basta con que nadie los limite para operar en lo oscurito.

Y eso, a diferencia de cualquier encuesta, no se mide en puntos.

Bienvenidos al país donde todos ganan… hasta que se vota.

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