* Nadie piensa en regresar a Huitzilac, Topilejo o Parral, se ha redescubierto que la palabra y la desinformación imponen más temor que el vertedero de sangre. El axioma es sencillo: lo que no se ve, no existe y tampoco existió
* El Gulag de hoy no requiere de internamiento o tortura, los gobernantes saben que con el incumplimiento del mandato constitucional les basta y les sobra, y así nadie podrá acusarlos de abuso de poder, o de su uso de manera ilegítima. Nulificar los poderes legislativo y judicial cumple esa función, lo mismo que un sector salud que no existe o un sistema educativo oficial que transforma en marionetas a los alumnos
Gregorio Ortega Molina
Los cambios o modificaciones en el clima, el ámbito social, en la economía, en la salud y el comportamiento de los gobernados podía, si no anticiparse, sí intuirse. Las estaciones dejaron de tener el ritmo de antaño, porque abusamos de la naturaleza, y la manera de ser de los humanos se transformó en cuanto se creyeron el cuento de que serían como dioses.
Con el uso y abuso del tiempo real, primero, y la IA después, ya nada es ni será igual, incluso el significado de las palabras. Entramos con el pie izquierdo al mundo de Humpty Dumpty, donde las palabras significarán lo que las exigencias políticas impongan como necesidad apremiante. Por ejemplo, los desaparecidos dejan de serlo.
La barbarie deja de ser cruenta. Hoy es indolora, no se percibe sino hasta que se adueña del ámbito en el que los afectados por ella solían vivir, soñar, solazarse. La realidad dejó de ser lo que significó; ahora es sustituida por el deseo de los gobernantes. El presente, ya no digamos el futuro, es y será lo que los mandamases de todos los ámbitos necesitan para enseñorearse e impedir que los muevan de sus parcelas de poder.
La solución dejó de requerir de la letalidad de las balas, de la eficiencia de la tortura, del silencio de los calabozos o de la muerte lenta en esos campos de internamiento que nunca han desaparecido del todo, pues que son si no los centros de detención de los migrantes, Francisco Garduño Yáñez tiene la respuesta idónea, tan estimulado y bendecido con el manto de impunidad de la 4T.
Nadie piensa en regresar a Huitzilac, Topilejo o Parral, se ha redescubierto que la palabra y la desinformación imponen más temor que el vertedero de sangre. El axioma es sencillo: lo que no se ve, no existe y tampoco existió.
El Gulag de hoy no requiere de internamiento o tortura, los gobernantes saben que con el incumplimiento del mandato constitucional les basta y les sobra, y así nadie podrá acusarlos de abuso de poder, o de su uso de manera ilegítima. Nulificar los poderes legislativo y judicial cumple esa función, lo mismo que un sector salud que no existe o un sistema educativo oficial que transforma en marionetas a los alumnos.
@OrtegaGregorio