Columna de opinión
Flota, poder y narrativa: el músculo operativo de Nahle
Luis Ramírez Baqueiro
Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“La autoridad, hay que ejercitarla siempre acompañando, comprendiendo, ayudando, amando”. – SS. Francisco.
En política, los números no son neutros. Se presumen, se administran… y se interpretan. A año y medio de gobierno, la administración de Rocío Nahle García ha colocado sobre la mesa un dato contundente: la renovación y adquisición de una flota vehicular y aeronáutica sin precedentes recientes en Veracruz. La lista es amplia y, en términos de comunicación política, eficaz: 4 helicópteros, 250 patrullas, 300 motocicletas, 60 ambulancias, 30 pipas, más de 200 unidades de transporte y maquinaria agrícola, y una estrategia paralela de depuración de vehículos inservibles.
Pero el análisis serio obliga a ir más allá del inventario.
Primero, el contexto. Veracruz arrastraba —desde los tiempos de Javier Duarte de Ochoa— una administración marcada por el desorden financiero, la opacidad y el abandono de infraestructura básica. En ese sentido, ordenar el parque vehicular no es un lujo: es una necesidad operativa. No hay política pública que funcione sin movilidad. Patrullas que no circulan, ambulancias detenidas o maquinaria agrícola inexistente son, en la práctica, gobiernos ausentes.
Bajo esa lógica, el esfuerzo de Nahle tiene mérito. La adquisición de unidades para salud —como las camionetas de rutas médicas— y seguridad pública apunta a una intención clara: recuperar presencia territorial. Es decir, que el Estado vuelva a verse, a sentirse, a operar.
Sin embargo, ahí mismo comienza la zona de tensión.
Porque una flota robusta no garantiza resultados. La historia administrativa de México está llena de gobiernos que compraron equipo sin resolver el problema de fondo: la eficiencia en su uso. ¿De qué sirve una patrulla nueva sin estrategia de seguridad? ¿Qué impacto tiene un helicóptero sin protocolos claros de operación o sin pilotos suficientes? ¿Cuánto cuesta mantener esa infraestructura en el mediano plazo?
La otra arista es financiera. Si bien el discurso oficial insiste en el orden presupuestal, la magnitud de las adquisiciones obliga a preguntar —con rigor, no con sospecha— sobre los mecanismos de compra, licitación y asignación. La transparencia no es un complemento: es la condición para que este tipo de inversiones no se conviertan en futuros pasivos políticos.

Y hay un tercer elemento, más sutil pero igual de relevante: la narrativa. La construcción de una imagen de gobierno eficiente pasa por mostrar acción tangible. Vehículos, maquinaria, helicópteros… son símbolos visibles de poder estatal. Pero también pueden convertirse en propaganda si no se traducen en indicadores medibles: menos tiempos de respuesta, mayor cobertura médica, reducción de delitos.
Ahí está el verdadero examen.
Porque gobernar no es solo comprar, es hacer funcionar. No es solo equipar, es transformar. Y en esa línea, el gobierno de Nahle ha dado un paso importante, pero aún no definitivo.
La flota está en la calle.
Ahora falta demostrar que también está dando resultados.
Al tiempo.
astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
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