KAIRÓS
Francisco Montfort Guillén
Tener un Estado disfuncional, derrotado, fracasado no significa no tener un Estado que construye obras, ofrece servicios públicos y que está organizado según las teorías modernas sobre republicanismo, federalismo y democracia. Sólo que ese Estado es una tramoya, que, según la Real Academia Española significa que sólo <> o sea que, en México, hemos vivido nuestra historia nacional o sin Estado, o con una representación teatral del modelo victorioso que sí funciona en naciones como Inglaterra, Estados Unidos, Francia, España y otras pocas más. Por lo tanto, lo que llaman los integrantes de Morena, la Cuarta Transformación, es únicamente una modificación más de los decorados y los efectos escénicos del Estado Teatral que fue refundado después de los golpes de Estado que llamamos por convención Revolución Mexicana.
Tenemos en realidad un Estado despótico, siempre disfrazado con las mejores galas de la filosofía y la ciencia de la política. Una tramoya que tiene como beneficiarios principales a los dueños del teatro (la oligarquía), los tramoyistas (los miembros de la clase política) y los actores (los altos funcionarios del gobierno en sus tres niveles y poderes) con un público amaestrado, sometido que se contenta con un espectáculo de carpa, a cambio de los obsequios de las entradas y dulces y golosinas y bebidas (ahora llamadas del Bienestar) para que se entretengan.
Sólo con estas ficciones puede uno entender o aceptar que el Estado despótico domine siempre y bajo cualquier circunstancia la escena nacional, y que con sus actuaciones llene de oprobios, de escarnios y vilipendios a toda la sociedad mexicana y no existan por parte de ésta, manifestaciones de repudio o de rechazo a los dueños del teatro y actores políticos. Porque el gusto por el teatro arrabalero de carpas mal cosidas nos viene de lejos, ya que no hemos conocido otro tipo de Estado y sólo tratamos de recordar y ensalzar algunos episodios de mexicanos de bien que nos hacen sentir orgullo de pertenencia a una sociedad que en el diario quehacer es muy superior a los actores políticos y sus obras carperas.
Por ejemplo: jamás ha existido preocupación ni de los dueños del teatro, sus actores y tramoyistas por construir un sólido, eficiente, eficaz y honesto ministerio público (procuraduría o fiscalía), un ejemplar Poder Judicial y una policía funcional y honesta. Pero tampoco han existido las exigencias inconmovibles de parte de la sociedad para que exista la independencia, la profesionalización y la honestidad de los jueces y agentes de investigación del ministerio público y una policía proba. Para los dueños del teatro y para tramoyistas y actores, el poder de la fiscalía es un potente instrumento de dominación y venganza, usado en contra de sus enemigos y un buen distractor social cuando exhibe casos ejemplares de violación de leyes y acuerdos políticos. Para los ciudadanos, esas instituciones son símbolo de dominio absoluto y aglutinan y representan el temor que siempre debe tenérsele al Estado.
Por esta razón, en Estados Unidos no confían en lo más mínimo en que se pueda enjuiciar a Rocha Moya en el sistema de justicia mexicano. Ya supieron de esa amarga experiencia con el caso del general secretario de la defensa Cienfuegos, que lo soltaron con la promesa de un juicio imparcial en México y esa investigación ni siquiera fue iniciada en nuestro país. Es absolutamente imposible, (sobre todo a partir de las últimas reformas al Poder Judicial y al funcionamiento de la fiscalía general de la República, ahora al mando de una actriz de tercera) que en México pudiera realizarse un Maxi juicio contra el crimen organizado, del tipo del llamado Maxiproceso contra la Mafia en Italia.
La vida ejemplar del juez Giovanni Falcone permitió tener una radiografía completa de la mafia (nombre al parecer derivado del diminutivo siciliano, contracción de ma figlia, mijita), que otro juez, Rocco Chinnici conceptualizaba: “la mafia no es un conjunto de células sin relaciones entre sí. No está compuesta por fragmentos. Los hechos y las dinámicas que condicionan su evolución no son casuales. Existe un esquema. Hay una dirección. Y existen objetivos muy concretos”. (Roberto Saviano. Los valientes están solos. Anagrama, Barcelona, 2023).
<> (Ibíd.pp.234). Fueron muchos los jueces y los magistrados asesinados (el mismo Giovanni Falcone voló con una maxibomba colocada en una carretera) pero al final, (sin omitir la colaboración de los Estados Unidos) se desmontó el poder de las relaciones mafia-gobierno y terminó la fama de Julio Andreoti, el político y expresidente más famoso de la democracia cristiana; y de hecho el sistema de partidos de la Italia de la posguerra. Así se defiende la soberanía de una nación.
En México esa situación es imposible. El Estado autocrático, despótico, proto fascista de Morena ha cambiado el escenario para que nadie de su formación pague por sus violaciones a la ley. Esa fue la Gran Promesa que les hizo Andrés Manuel a los priistas y demás políticos que se le unieron: impunidad total a través de diferentes mecanismos, como lo describe Verónica Malo Guzman en sus diferentes artículos. Por eso las respuestas que ofrece la titular de la presidencia no son anecdóticas, aunque sean ridículas. Defiende a su antecesor, protector y gran guía porque el Estado fascista se lo permite. Poco le importa a ella y a todos los que ahora gobiernan que con sus actitudes la sociedad mexicana sufra la humillación de ser identificada por aceptar y haber votado a un narcogobierno.
No les importa a los dueños del teatro, tramoyistas y actores que el país viva bajo el oprobio de ser codirigidos por delincuentes. De ahí que la presidente y sus funcionarios llenen de escarnio a sus seguidores con sus actitudes, y manchen el buen nombre de toda una nación con sus declaraciones sobre la situación económica del país, o con la defensa a ultranza de los delincuentes; la alianza que estableció López Obrador con el crimen organizado, llevo mucho tiempo diciéndolo, es el mejor ejemplo de traición a la patria que podamos encontrar en la historia moderna del país.
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