Por Deborah Buiza
Pregunta rápida: ¿Cuándo fue la última vez que escribiste a mano? ¿Qué fue lo que escribiste?
Hace poco, la maestra de mi hijo mayor les puso una dinámica de control de lectura: debían escribir cartas a los papás y mamás contándonos lo que leían en el libro Instrucciones para convertirse en pirata de Erika Zepeda. A su vez, nosotros debíamos responder a sus preguntas por la misma vía. He de decir que fue un ejercicio maravilloso.
Se sabe que escribir a mano tiene beneficios profundos. La ciencia sugiere que, a diferencia del teclado, el trazo manual activa regiones del cerebro vinculadas al aprendizaje y la memoria, pues requiere una coordinación motora más compleja que nos obliga a procesar la información con mayor calma. No por nada se ha puesto tan de moda el journaling.
Yo empecé muy chica con mis “locuras” de escribir en una libreta de taquimecanografía. En ese entonces, mi cabeza iba mucho más rápido que mis pequeñas manos; pensaba que lo que necesitaba era una grabadora o una máquina de escribir. En la secundaria aprendí mecanografía, pero mis ideas siguieron volando más rápido que mis veloces dedos. Ya en la universidad, todavía escribía mis ensayos a mano; los corregía y, sólo cuando estaban listos, los transcribía en la máquina eléctrica. Aún conservo algunas de esas tareas en el baúl de los recuerdos.
Dejé de escribir en papel con frecuencia cuando apareció la computadora. Ahora suelo escribir en el celular y poco veo mi propia letra. Por eso, la tarea de mi hijo me pareció genial. Me di cuenta de lo mucho que me gusta escribir a mano; hay magia en sentarse frente a una hoja y empezar a contestar una carta. Aún soy esa niña cuya mano va más despacio que su cabeza, pero ahora eso ya no me inquieta.
Con esta reflexión, quiero proponerte algo: escribe.
No te digo que escribas con el propósito de ser el gran escritor que va a revolucionar la literatura o para dejar un gran legado o para que te lean, escribe para encontrarte. Escribe para conocerte y conectarte contigo mismo. Hazlo sin pose, sin buscar la corrección gramatical perfecta. Escribe para estar en el presente, aunque hables del pasado o sueñes con el futuro.
Escribe a tu yo del pasado: “Querida Deby, quiero contarte que las cosas, veinte años después, duelen un poco menos, pero seguimos sin entender mucho”.
Escribe a tu yo del futuro: “Querida Deborah, ojalá le hayas encontrado el modo; yo aún no lo hallo, es más, ya me cansé de buscarlo”.
No necesitas más que hoja y lápiz, y unos cuantos minutos. No hace falta redactar el gran tratado de la vida; solo arrastra el lápiz.
Escribir a mano, en un mundo enloquecido con la tecnología, la inteligencia artificial y la velocidad, es un acto de resistencia. Es revolucionario. No dejes que el silencio te abrume. Escribe.
P.D. Gracias, Miss Itzel, por tan bella actividad. Estoy segura de que no solo los pequeños aprendieron; a las mamás y papás también nos dejó una gran lección.