HOMO POLÍTICUS
PAVE SOBERANES
- Aburguesamiento de la Izquierda
Durante el primer tercio de su gobierno, Lauro Ortega [†] había ya construido tres magnas obras: el aeropuerto Mariano Matamoros, la unidad deportiva de Xochitepec y a cuatro carriles la carretera Cuautla-Cuernavaca, exorcizando el Cañón de Lobos.
En ese lapso, en lugar de dar problemas a Los Pinos y a la República, el hijo del lechero Paulino ya contaba con el aprecio de las familias de Morelos como nunca nadie lo tendrá por más esfuerzos que haga.
Valoración y consideración ciudadanos no se consiguen con popularidad comprada. Al primer desempeño malo y excesos de los integrantes de sus gabinetes, los despedía. Nada de andar con medias tintas. No autorizó tarifazos contra el pueblo que procuraba. Cesó dos veces a toda la Policía Judicial, una de ellas con todo procurador de Justicia, por falta de resultados.
En sus dos primeros años de gobierno —política y gobernanza matan populismo y demagogia izquierdosos—, Don Lauro, así, con mayúsculas por sus logros personales, ya había creado los programas de tortilla, pan blanco, leche y producción de mojarra en beneficio de las clases económicamente en desventaja.
De 1982 a 1984, quien fuera joven apreciado por el presidente Cárdenas por su pragmatismo político y asesor de tres presidentes de la República —López-Portillo, De la Madrid y Salinas—, especialista en realpolitik, empezó a exportar a Europa y Asia flores, miel y aguacate. Vendió el amaranto morelense como la panacea nacional para la hambruna y la mala alimentación.
Él sí fue un gobernante de izquierda y, además, demócrata. Nunca se dijo de izquierda ni tuvo comportamiento elitista. Lo era y no lo era, en ese orden. Fue el primer gobernante mexicano en utilizar urnas transparentes en las votaciones intermedias y, para la elección de su sucesor, se consolidó el uso de «urnas translúcidas», como les llamó. En Los Pinos —su reportero era un individuo vestido de blanco—, ante el presidente De la Madrid, discursó una pieza política de nivel presidencial que le valieron elogios. —¿Don Lauro, quiere ser presidente de México? «De esas mariposas no coge mi sombrero», respondió.

La popularidad de Don Lauro es tal, que aún se le recuerda con aprecio y respeto. Un diputado, Héctor Bautista y Mendoza, dijo una frase que sigue resonando: «La historia del estado de Morelos, se divide en dos: antes y después del doctor Lauro Ortega». Hubo mandatarios, hay mandatarios, antes y después de Lauro Ortega, que no son ni la sombra. Contra su costumbre, dijo una barbaridad que con el tiempo se hizo cierta: «Mis sucesores me engrandecerán».
letraschiquitas
Así se ejerce el poder en el gobierno de falsa izquierda del estado de Morelos, de MORENA, claro, con ostentación, desfachatez y contradicciones: el número 3 —el número 2 con permiso para abandonar el deber un mes— se organiza una fiesta de cumpleaños en un hotel de lujo, en día y horario laboral. El secretario de Desarrollo Económico sigue la transmisión del partido México-Sudáfrica con caldos báquicos, y lo presume. El publirrelacionista-proveedor se acomoda en asientos de al menos 100 mil pesos en el estadio Azteca y las jefas del Empleo y Espectáculos que no hay, visitan un restorán de la Ciudad de México donde se pagan 30 mil pesos por un filete con láminas de oro***. La presidente Claudia Sheinbaum se enojó mucho. Mañana le platico por qué.