José Luis Parra
En política hay apellidos que cargan una maldición. Y hay otros que parecen incluir una membresía permanente en la ventanilla de proveedores del gobierno.
Bartlett pertenece a la segunda categoría.
Mientras cambia el presidente, cambian los secretarios, cambian los discursos y hasta cambian los colores de las campañas, Cyber Robotic Solutions sigue apareciendo en la lista de ganadores. Como esos equipos médicos que reciben mantenimiento periódico, la empresa también recibe una afinación constante de contratos públicos.
Poder ejecutivo
No se trata, por ahora, de un delito. Las adjudicaciones cumplen con el procedimiento legal y cuentan con el respaldo administrativo correspondiente. Ahí está el detalle: todo parece estar en regla.
Pero la política no vive solamente de la legalidad. También se alimenta de la percepción.
Y la percepción es terca.
Cuando una empresa vinculada al hijo de un personaje que durante décadas ha transitado por todos los pisos del poder acumula más de una década de contratos millonarios, el ciudadano promedio deja de hablar de competencia y empieza a pensar en privilegios.
Porque las casualidades también se desgastan.
Durante el sexenio de López Obrador, Cyber Robotic Solutions vivió una época particularmente próspera. Más de quinientos millones de pesos en contratos federales, la mayoría por adjudicación directa, con dependencias que iban desde la Sedena hasta el IMSS, pasando por el ISSSTE y hospitales especializados.
Ahora, en el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum, llegan otros 35 millones de pesos provenientes del Instituto Nacional de Cancerología y del Hospital Juárez.
Poder ejecutivo
La continuidad es evidente.
Más llamativo resulta el historial de la empresa. Inhabilitaciones administrativas, multas y el escándalo de los ventiladores vendidos durante la pandemia al precio más alto documentado no impidieron que siguiera haciendo negocios con el gobierno. La sanción se convirtió en un simple trámite y el mercado público continuó abierto.
En México las inhabilitaciones parecen ser como las tarjetas amarillas en el futbol: generan discusión, pero rara vez expulsan al jugador.
La pregunta tampoco es si los hospitales necesitan mantenimiento o servicios especializados. Claro que los necesitan. La salud pública no puede detenerse por un debate político.
La verdadera interrogante es otra.
¿Cuántas empresas participaron? ¿Cuántas podían ofrecer el mismo servicio? ¿Por qué una firma con semejante historial sigue siendo proveedor recurrente del Estado mexicano?
Referencia geográfica
La Cuarta Transformación prometió separar el poder político del poder económico. Prometió terminar con los favoritos del régimen, con los contratos para los amigos y con los apellidos privilegiados.
Seis años después y con un nuevo gobierno en marcha, el apellido Bartlett sigue encontrando la puerta abierta.
Quizá sea una extraordinaria capacidad empresarial.
Quizá sea una extraordinaria coincidencia.
O quizá en México las transformaciones cambian de nombre, cambian de logotipo y cambian de discurso, pero los proveedores distinguidos siempre encuentran la manera de sobrevivir.
Porque el poder cambia de manos.
Los contratos, al parecer, no tanto.