NEMESIS
Son muchas las investigaciones que dibujan una verdad dolorosa: la pobreza actúa como una sombra que pesa de forma desigual sobre el territorio mexicano y se entrelaza estrechamente con el drama de las desapariciones. Aunque aún no existe un mapa oficial que trace con línea recta el camino entre la condición económica y el peligro, la evidencia recogida habla por sí sola: la pobreza es como una grieta profunda en la estructura social, un cimiento debilitado que hace que ciertas personas estén mucho más expuestas a caer en el vacío.
El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas —el instrumento que debería servir de brújula oficial— recoge nombres y fechas, pero deja en blanco dimensiones esenciales: no registra el nivel de ingreso, ni la educación recibida, ni la situación de vulnerabilidad en la que vivían quienes desaparecieron. Es como elaborar un plano del incendio sin anotar qué materiales eran más secos y fáciles de quemar; esta laguna hace que el Estado no pueda seguir el rastro completo del riesgo desde sus propias oficinas.
Sin embargo, cuando se observa el suelo y se escuchan las voces, aparece una coincidencia que no admite dudas: las desapariciones no llueven al azar sobre todo el país. Se acumulan y crecen precisamente allí donde la marginación ha cavado surcos más hondos, como si el peligro buscara asentarse en los lugares donde ya faltan caminos, luz y protección.
Organizaciones independientes como México Evalúa y Data Cívica han trazado este recorrido: las regiones donde el problema alcanza sus cotas más altas son, sin excepción, aquellas donde la pobreza es un paisaje cotidiano, la desigualdad funciona como un muro difícil de cruzar y las instituciones —que deberían ser muros de contención— aparecen agrietadas, lejanas o simplemente ausentes.
La prueba más clara surge al superponer dos mapas: el que muestra dónde se pierden las huellas y el índice de marginación elaborado por el CONAPO. Las líneas y las manchas coinciden casi por completo, como si una misma mano hubiera dibujado ambos contornos: la geografía de la desaparición sigue fielmente la geografía del abandono.–oOo–