Rodolfo Villarreal Ríos
De pronto (¡!), a las autoridades federales le sale lo “preocupón” y como si pretendieran prevenir a un infante de ser víctima de influencia malas, nos anuncian que habrán de implantar medidas que les permitan velar por que a las audiencias o a los lectores no les vayan a llenar la cabeza con información falsa que no ha pasado por la criba de la persona designada, por la misma autoridad, con tal fin. Ante ello, nosotros dedicados a hurgar en la historia, decidimos irnos a recorrer los archivos para ver que había en relación con la libertad de expresión.
En esas estábamos cuando encontramos un parde textos. Uno fue generado en 1813 y el otro en 1821. En estos tiempos de la Inteligencia Artificial; y quien sabe cuántos artilugios electrónicos más, seguramente usted, lector amable, puede llegar a pensar que este escribidor “agarró monte y empezó desvariar”. Sin embargo, le invitamos a que nos acompañe a clarificar que no es así. Procederemos a la revisión del primero de estos escritos que versan sobre la libertad de imprenta, el contenido del otro lo abordaremos la semana próxima, cuyo contenido no ha perdido frescura a pesar de que han transcurrido más de dos centurias.
El primero de los escritos fue publicado en el Ilustrador Americano, el 17 de abril de 1813, bajo el título de “Este mismo a la nación americana”. El autor de la pieza fue un sacerdote católico nativo de Nueva Galicia (Jalisco) cuyo nombre era Francisco Lorenzo De Velasco y Palafox quien militó en las tropas Insurgentes bajo las órdenes de Ignacio López De Rayón y de José María Morelos y Pavón. Vayamos al texto.
Don Francisco Lorenzo comentaba que ya habría de cumplirse un año de la publicación de los Sentimientos de la Nación. Reprochaba que todo se hubiese centrado en la crítica hacia los ibéricos como si ello no fuera evidente. No es que estuviera en contra de la cantidad de textos que habían surgido y que serían “la verdadera apología de nuestra causa; pero estos mismos, repetidos, aunque no en los accidentes sí en la substancia, sólo harán que monotonizados nuestros conceptos, decaigan del aprecio del público, del ignorante siempre amigo de la variedad y del sabio que conocerá muchos y bastos objetos a que podríamos destinarlos”. Toda una lección intemporal para quienes estiman que son primigenios en eso de cómo manejar la difusión del mensaje. Pero, continuemos con el análisis del ayer.
De Velasco apuntaba: “Es necesario ya que al cumplir el tercer año de nuestra independencia tratemos de sistemar nuestros ramos de guerra, de hacienda y de política que hasta hoy subsisten en la apariencia y que si no se han desvanecido del todo es a merced de un patriotismo sin ejemplo”. Lo que seguía es una muestra de cómo, aun quienes no fueron actores principales en la construcción de la patria, tenían una perspectiva amplia acerca de cuáles deberían de ser los elementos esenciales en que debería de sustentarse.
En ese contexto, el oriundo de Nueva Galicia señalaba; “Es indispensable que todo esto siga a la libertad de imprenta, pero una libertad que no conozca más barrera que el dogma, y que si hay de erigirse un censor sólo sea para sostener la pureza de aquel, y hacer conservar el decoro del estilo y de la expresión. Fuera de esto el ciudadano debe hablar y escribir con libertad, sí con libertad, y libertad absoluta, enemiga sólo del despotismo, la ignorancia y de la arbitrariedad…” Lo que sigue pareciera que fue escrito hace un par de horas.
“Las leyes que ponen restricciones a la libertad del hombre son promulgadas por la tiranía que levanta su mano asesina sobre los pueblos; ella teme su ruina en el momento mismo que el hombre diga lo que siente, y ella sólo hace valer su horrible coleto [descaro] sobre la miseria, sobre la opresión, digámosla en dos palabras, sobre la esclavitud de la humanidad”. Con esto, sería suficiente para que al sacerdote católico le endilgaran la excomunión. Sin embargo, aún faltaba más.
“El fanatismo y la ignorancia oyen el ronco clamor de la tiranía y hermanos entre si estos genios maléficos abortan la proscripción de la libertad. Un gobierno justo y paternal nada debe temer de que las familias del hombre estén en todo su ejercicio, antes bien este afianzará su libertad y formará su más invencible antemural”. No se detuvo y continuó.
“Pueblos todos del universo que aspiran a la libertad y a la independencia ¿queréis reconocer las verdaderas intenciones de los que os mandan? ¿queréis saber si vuestras ventajas corresponden a vuestro sacrificio? Pues mirad si os es concedido explicar con franqueza vuestros sentimientos, pero si lejos de esto esclavizan la opinión y ponen grillos al pensamiento, apresuraos a destruirles ciertas de que son unas víboras que alimentados con vuestra sangre y royendo vuestras entrañas os dejaran incapaces de moveros para el bien o para el mal”. ¿Acaso el llamado que el ciudadano De Velasco y Palafox hacía es válido solamente para aquel momento en que la patria estaba en gestación? Nosotros estamos convencidos de que no, pero…
“Nada importa que gritemos libertad si consentimos en ser esclavos y lo seríamos irremisiblemente si no podemos decir y estampar cuanto nos parezca y semejantes al Loro de la fábula sólo reclamaremos en nuestra destrucción política presente y el desprecio y bien que otra cosa hemos hecho hasta hoy que declarar contra nuestros enemigos ¡Ah! Esta libertad la dirán en toda su extensión los esclavos de México, lejos de prohibírseles se les ha mandado imperiosamente que en todos sus escritos se expliquen con la mayor libertad contra los insurgentes”. Como es factible apreciar, lo de jilguero a sueldo es un asunto que viene de tiempos lejanos.
Siempre han existido, y habrá, quienes con una buena maiceada se dan a la tarea de lubricar la pluma y cantar loas a todo cuanto haga o deje de hacer quien los provea de medios para, instantáneamente, ser convertidos en comunicadore excelsos, bueno no todos. Como sucede en los diversos órdenes de la vida, a lo largo de los tiempos hemos encontrado que unos son más finos para hacer la tarea encomendada y llegan a alcanzar el grado de santones de la libertad de expresión. A otros, sin embargo, la sesera no les da para mucho y terminan por hacer chambonadas que exhiben su condición de lacayos, lo cual no impide que les llegue su mesada. Pero no nos distraigamos y volvamos a 1813.
En aquellos tiempos, De Velasco y Palafox señalaba: “Ellos hacen publicar, jurar y sancionar del modo más solemne la ridícula constitución de Cortes; conocen los tiranos todas las ventajas que sacarían de alucinar a los pueblos con la ciega obediencia a este código efímero y despreciable; pero como él a la vuelta de innumerables inconsecuencias y contradicciones asegura la libertad de imprenta, todo lo arrostran, y a los primeros tiros de nuestros sabios escritores, dicen entre sí: menos mal; es que se nos convenzan de ignorantes, de bárbaros y de perjuros, que el que les concedamos una batería que echará por tierra la obra de tres siglos y el fruto de nuestros progenitores”.
Para concluir, don Francisco Lorenzo apuntaba: “Americanos [así denominaba a los mexicanos de entonces, recordemos que la patria estaba en proceso de gestación], si no puede presentarse mayor testimonio de la tiranía de esos visires que el suspender la libertad de imprenta a pocos días de haber jurado sostenerla, tampoco debéis dudar que el termómetro único para conocer los grados de bondad de los que os mandan, es la libertad que os concedan de promulgar vuestras ideas, vuestros deseos y vuestros sentimientos”. ¿Alguien duda de la actualidad de los textos revisados?
Si bien en nuestros casi veintitrés años de realizar este ejercicio semanal hemos tenido la libertad de escribir cuanto hemos querido, estamos ciertos que de aprobarse las disposiciones propuestas para “salvaguardar los derechos de las audiencias”, un texto como el revisado líneas arriba sería objeto de un escrutinio minucioso y, en una de esas, hasta lo califican de subversivo, no apto para publicación. Mientras vemos si retornamos a situaciones como las prevalecientes hace dos siglos, lo invitamos, lector amable, para que, la semana próxima, nos encontremos en este espacio en el cual abordaremos otro texto sobre el mismo tópico, pero un poco más reciente, fue elaborado en 1821. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (26.31.99) Andan espantados porque Milei los declaró cabecillas de una conspiración en contra de Argentina. Si de conjuras se trata, les recomendamos la lectura de “Un espía recorría los pasillos de la embajada estadunidense en México”. En sus páginas, encontrarán lo que es una acusación a nuestro país de actuar como líder de un complot mundial en contra de los Estados Unidos de América y se percatarán de la manera en que se respondió. Claro que, en aquellos tiempos, nos gobernaba un Estadista.
Añadido (26.31.100) ¿Cómo se le ocurre a los Estados Unidos de América creer que los dirigentes de Francia han cambiado? ¿Acaso ya olvidaron que son descendientes directos de Pétain quien hincó las rodillas ante las huestes de la bestia austriaca, así como del correlón De Gaulle quien no paró hasta llegar a Inglaterra para esconderse debajo de la levita de Churchill y autodenominarse, vía radiofónica, el héroe de la resistencia? Nunca les perdonarán a los estadunidenses que no les dejarán cumplir su anhelo oculto, hablar alemán.
Añadido (26.31.101) Al momento en que los escándalos de corrupción eran la nota principal relacionada con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se aparecen los incendios y la narrativa principal dio un vuelco. Vaya mala suerte de los hispanos. Bien poco han podido disfrutar de su campeonato.
Añadido (26.31.102) Después del desgarriate en que terminó el examen de admisión a la UNAM, no queda sino apuntar que esa juventud es el futuro de México y aún no llegan al grado universitario los formados al amparo de la Nueva Escuela Mexicana. Claro que cuando esto último suceda, lo acontecido ahora lucirá como un acto de probidad excelsa.