Estados Unidos mantiene abierta la posibilidad de realizar una intervención militar en Cuba y, según el secretario de Defensa Pete Hegseth, Colombia autorizó operaciones conjuntas con tropas estadounidenses en su territorio.
Durante una declaración en Panamá, Hegseth afirmó que “todas las opciones, incluidas las militares, están sobre la mesa” respecto a Cuba. También recomendó a la isla “prestar atención” a la voluntad del presidente Donald Trump de “hacer valer las prerrogativas estratégicas estadounidenses”.
Sobre Colombia, el funcionario señaló que el Gobierno de Abelardo de la Espriella, quien llevaba una semana en el cargo, pidió la participación de Washington en la lucha contra el narcoterrorismo mediante “operaciones militares conjuntas para destruir terroristas y redes terroristas”.
Colombia también se sumará al Escudo de las Américas, coalición impulsada por Trump que, con esa incorporación, reunirá a 19 países para compartir métodos contra las redes del narcotráfico en la región.
La estrategia de Washington está planteada en su Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en diciembre, que fija como prioridad “restablecer su preeminencia” en el Hemisferio Occidental. El documento retoma la doctrina Monroe, propone un “corolario Trump”, conocido como doctrina Donroe, y contempla una reconsideración de la presencia militar estadounidense en la región.
Guadalupe González, analista del Colegio de México, describió el momento como un “punto de quiebre”. Señaló que el eje de la estrategia estadounidense es recuperar su predominio en el Hemisferio Occidental antes que atender otros escenarios, como Oriente Próximo, Europa o Asia.
Michael Shifter, investigador y expresidente del Diálogo Interamericano, sostuvo que los obstáculos para una intervención en Cuba no serían jurídicos, sino prácticos, por el riesgo de una situación caótica o de una ola migratoria masiva. También afirmó que la agenda de fortalecimiento institucional y defensa de los derechos humanos fue desplazada por una política centrada en la seguridad y el combate al narcotráfico.
En México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha rechazado de manera reiterada cualquier incursión militar estadounidense y ha dicho que ese escenario “no va a ocurrir”. La mandataria señaló que el país coopera con Washington en inteligencia y seguridad, pero no acepta subordinación ni violaciones a su soberanía.
La tensión aumentó después de que Trump se negara a descartar acciones de fuerza contra el tráfico de fentanilo y otras drogas. En contraste, países centroamericanos han mostrado una rápida alineación con la estrategia de seguridad estadounidense: Guatemala solicitó mayor asistencia en capacitación e inteligencia, mientras Nayib Bukele participó en la cumbre del Escudo de las Américas en Florida.