EN MI OPINIÓN
Emilio Trinidad Zaldívar
No debiera sorprendernos que un personaje que gusta de cambiar de careta, de camiseta, de máscara frecuentemente como Alfonso Durazo Montaño, se atreva a criticar al hijo de quien le dió no solo trabajo, sino la oportunidad de darse a conocer y tener poder para después colarse por diversas rendijas de la política.
Sin conocer ni identificarse con los Estatutos y Principios Básicos de los Partidos Políticos a las que ha pertenecido, y sin tener ideología política propia sino la que le ha convenido según sus intereses muy personales y tiempos, el gobernador de Sonora ha pasado por cinco partidos: PRI, PAN, PRD, Movimiento Ciudadano y Morena.
Cuando asesinaron al padre de quien hoy critica, Luis Donaldo Colosio Murrieta, vinieron momentos difíciles para él, porque a la toma de posesión de Ernesto Zedillo como presidente -al que le había hecho la vida difícil desde la secretaría particular del candidato-, su cargo en esa administración fue el de Coordinador General de Comunicación Social de Gobernación con Esteban Moctezuma Barragán. No le alcanzó para más.
Acostumbrado a traicionar por su ambición ilimitada al poder y al dinero, Alfonso Durazo Montaño fue diputado federal plurinominal por Movimiento Ciudadano del 2012 al 2015, pero fue coordinador de la bancada de Morena y presidente de la Comisión de Protección Civil.
En el 2018 ganó un escaño y fue senador por Sonora, representando al Partido Morena en la LXIV Legislatura. Sin embargo, solo duró 2 meses, porque pidió licencia para irse como Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana con Andrés Manuel López Obrador.
Durazo Montaño dice que es un hombre sumamente limpio, honesto, honorable, incorruptible, y que por eso hasta suda agua bendita.
Seguramente por esa razón de ser una alma purificada, por ser un hombre íntegro e impoluto, cuando fue secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, no se llevó jugosas comisiones por la venta de patrullas, de motocicletas ni de chalecos antibalas, entre muchos otros negocios que se hacen en esa dependencia federal.
A él no le importa Sonora. Está ahí para hacer negocios y para intentar influir en las decisiones del Partido Morena al que hoy pertenece y que quiere encabezar. Su ambición lo hace soñar también en sustituir a Rosa Icela Rodríguez en la Secretaría de Gobernación, porque se siente presidenciable.
Cómo es la vida a veces de ingrata y la muerte inevitablemente muda. De contrastes y claroscuros.
Un padre desde el sepulcro, observa a su hijo intentar, a través de la política, mejorar las condiciones de vida de los mexicanos, mientras que el otro, desde el palacio de gobierno de Sonora, enseña al suyo a hacer negocios al amparo del poder público y a gozar de la vida de privilegios.
Alfonso Durazo Montaño, con su actitud, traiciona la memoria de Colosio padre que le dio vida política, mientras que al hijo, que aprende rápido los gajes del oficio con caídas, derrotas y sinsabores, le hace un enorme favor, al colocarlo en el escenario político de su propia sucesión en la entidad, con altas posibilidades de triunfo.
Luis Donaldo Colosio Riojas ya le respondió. Ya le dijo que se preocupe por gobernar y que no se distraiga en analizar su conducta y vida pública, y con estatura política, decencia, clase y humildad, ya le dijo que lo aprecia y que espera su llamada.
¿Cuánto tiempo más tardará Durazo Montaño en traicionar a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo?
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