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Juntos o difuntos

José Luis Parra

 

La oposición mexicana enfrenta un pequeño problema rumbo a 2027.
No tiene votos.

O por lo menos no los suficientes para presumir que está en condiciones de disputarle seriamente a Morena el control político del país.

Las encuestas más recientes colocan al PAN entre el 11 y 15 por ciento de las preferencias; al PRI entre el 8 y 10 por ciento y a Movimiento Ciudadano alrededor del 10 o 12 por ciento.

Morena, solito, anda entre el 33 y 41 por ciento.

Y si le agregan Verde y PT, la 4T podría iniciar el proceso electoral con una intención de voto cercana al 46 por ciento.

Nada mal para un movimiento que ya carga desgaste de gobierno.

Y nada bien para una oposición que lleva años anunciando que México está al borde del precipicio pero no logra convencer al electorado de quitarle el volante a Morena.

Algo está fallando.

Y no precisamente las encuestas.

PAN y PRI tienen además otro problemita: cada elección pesan menos.

En 2024 Acción Nacional obtuvo 16.8 por ciento en la elección de diputados federales y el PRI 11.13.

Ahora las encuestas los colocan debajo de esos números.

Si se retrocede hasta 2021 la fotografía es todavía más incómoda. El PAN obtuvo entonces 18.2 por ciento y el PRI 17.7.

Es decir, mientras Morena discute cómo conservar su mayoría, sus adversarios discuten cómo dejar de encogerse.

Bonito dilema.

Movimiento Ciudadano tomó otro camino.

En 2021 obtuvo 7 por ciento de la votación nacional. En 2024 subió a 10.9 y ahora algunas encuestas lo colocan hasta en 12.

Su estrategia ha sido sencilla: no mezclarse con PAN y PRI.

Hasta ahora le ha funcionado.

Mientras los partidos tradicionales tratan de descubrir si juntos se salvan o juntos se hunden, los naranjas observan cómo lentamente les arrancan pedazos del electorado opositor.

Tampoco significa que Movimiento Ciudadano esté a punto de conquistar Palacio Nacional.

Ni mucho menos.

Pero entre tres enfermos, el que sube tres puntos ya parece atleta olímpico.

El verdadero dolor de cabeza está en las dirigencias del PAN y PRI.

Jorge Romero cerró en octubre de 2025 la puerta a una nueva alianza con el tricolor.

Muy bonito.

El detalle es que ahora los candidatos panistas que quieren competir por alguna de las 17 gubernaturas en juego durante 2027 están haciendo cuentas.

Y las cuentas electorales suelen ser menos románticas que los discursos partidistas.

Una cosa es defender la pureza ideológica desde una oficina nacional.

Otra perder una gubernatura.

Por eso desde los estados ya presionan para construir alianzas con el PRI.

La doctrina puede esperar.

Los votos no.

Enfrente Alejandro Moreno entendió desde hace tiempo que al PRI ya no le alcanza para caminar solo y se convirtió en promotor de un gran frente opositor contra Morena.

Alito quiere alianza.

Con el PAN.

Con quien se deje.

Hasta Vicente Fox apareció en la sede nacional priista luciendo corbata roja para tomarse la fotografía con Alejandro Moreno.

Hace algunos años esa escena habría provocado urticaria entre panistas.

Hoy provoca cálculos electorales.

La política obra milagros.

O desesperaciones.

Fox, expresidente panista, vestido casi de priista para impulsar una alianza con el PAN.

Qué tiempos.

Ahora falta saber si Jorge Romero terminará aceptando aquello que negó.

Seguramente encontrará alguna explicación doctrinaria para justificarlo.

Para eso también sirven las dirigencias partidistas.

Pero el problema de fondo no consiste solamente en decidir si PAN y PRI van juntos o separados.

La pregunta es mucho más incómoda:

¿Para qué quiere votar la gente por ellos?

Morena puede perder siete puntos, enfrentar desgaste, conflictos internos, pleitos entre aliados y problemas naturales derivados del ejercicio del poder.

Pero si enfrente nadie capitaliza ese desgaste, la ventaja seguirá siendo enorme.

Ese es precisamente el dato más preocupante para la oposición.

Morena baja.

Ellos no suben.

Y cuando un gobierno pierde respaldo pero sus adversarios permanecen congelados, el mensaje es bastante claro.

El electorado puede estar inconforme con quien gobierna.

Pero tampoco confía en quienes quieren sustituirlo.

Así llegamos al arranque del proceso electoral rumbo a 2027.

Morena con problemas.

PAN y PRI con más.

Movimiento Ciudadano esperando recoger lo que se caiga de la mesa.

Y 17 gubernaturas, la Cámara de Diputados y miles de cargos locales en disputa.

Todavía falta tiempo.

Las encuestas son fotografías, no resultados electorales.

Todo puede cambiar.

Claro.

Pero para cambiar primero hay que moverse.

Y PAN y PRI llevan varios años demostrando que hasta para caer pueden quedarse inmóviles.

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