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La sostenibilidad comienza desde la planeación

La sostenibilidad no consiste simplemente en agregar algunas áreas verdes, instalar tecnología eficiente o incorporar un elemento ambiental cuando el proyecto ya está prácticamente definido. Un desarrollo verdaderamente responsable comienza mucho antes: desde la planeación, cuando se toman las primeras decisiones sobre el territorio, el agua, la infraestructura, la energía y los espacios que tendrá la comunidad.

Planear con responsabilidad significa conocer las características del lugar donde se desarrollará un proyecto, identificar sus recursos naturales, entender sus necesidades y anticipar los posibles impactos que puede generar.

Y también significa tener la capacidad de adaptarse.

Durante el desarrollo de un proyecto pueden surgir nuevas condiciones, información o situaciones que hagan necesario modificar una decisión inicial.

Si se identifica que alguna estrategia puede afectar el entorno o no cumple con los objetivos de sustentabilidad planteados, la planeación debe tener la flexibilidad suficiente para corregir el rumbo.

Porque la sostenibilidad no debería ser una meta que se alcanza solamente al final del proyecto, sino un criterio que acompaña cada etapa de su desarrollo.

La sostenibilidad se diseña desde el principio

Pensar en desarrollo responsable implica entender que cada decisión está relacionada con las demás.

La ubicación de las viviendas tiene relación con la movilidad. La distribución de las áreas verdes tiene relación con el agua y el microclima. El diseño de la infraestructura hidráulica tiene relación con la prevención de inundaciones. La eficiencia energética tiene relación con el consumo de recursos y las emisiones.
Por eso, no basta con tener “algo verde”.

Un proyecto puede tener árboles y jardines, pero si no existe una estrategia adecuada para administrar el agua, manejar los residuos, reducir el consumo energético y proteger el entorno, la sostenibilidad queda incompleta.

El verdadero reto consiste en integrar las diferentes soluciones dentro de una misma visión de desarrollo.

1. Áreas verdes: más que espacios ornamentales

Las áreas verdes son uno de los elementos más visibles de un desarrollo responsable, pero su importancia va mucho más allá de la estética.

Parques, jardines, bosques urbanos, corredores verdes y superficies permeables pueden contribuir a mejorar el entorno, favorecer la infiltración del agua, disminuir el efecto de las superficies construidas y generar espacios para la convivencia y la actividad física.

Hay proyectos, por ejemplo, que contemplan parques, jardines, bosques, plazas y espacios recreativos, integrando áreas verdes como parte de la estructura de la comunidad y no simplemente como elementos decorativos.

Esto también modifica la relación de las personas con el lugar donde viven.

Una comunidad con espacios abiertos, áreas para caminar, practicar deporte, convivir o disfrutar de la naturaleza puede aportar beneficios ambientales, pero también sociales y de bienestar.

La infraestructura verde, por lo tanto, debe considerarse parte de la infraestructura de una ciudad.

2. LEED: medir la sostenibilidad de manera integral

Otro elemento que permite llevar la sostenibilidad de los conceptos a criterios medibles son las certificaciones ambientales.

En este sentido, LEED se ha convertido en uno de los sistemas de referencia internacional para evaluar el desempeño sostenible de edificios y comunidades.

Lo importante es entender que LEED no se limita a revisar si un proyecto tiene áreas verdes o utiliza determinada tecnología.

Dependiendo del sistema de certificación, se consideran aspectos como eficiencia energética, uso responsable del agua, ubicación y transporte, materiales y recursos, calidad del ambiente, sistemas naturales y ecología, resiliencia y calidad de vida, entre otros.

Para una comunidad, esto implica adoptar una visión integral.

Por ejemplo, un proyecto que busca obtener una certificación LEED debe incorporar objetivos de sostenibilidad desde etapas tempranas, documentar las estrategias implementadas y demostrar el cumplimiento de determinados criterios.

Esto refuerza una idea fundamental: la sustentabilidad debe poder planearse, evaluarse y comprobarse.

Descarga Cero: cambiar la manera de gestionar el agua

El agua representa uno de los mayores retos para las ciudades del futuro.
Por ello, un desarrollo responsable debe pensar no solamente en el abastecimiento de agua potable, sino también en qué sucede con el recurso después de utilizarlo y cómo se maneja el agua de lluvia.

Aquí cobra relevancia el concepto de Descarga Cero.

La idea consiste en reducir o evitar que las aguas residuales generadas por una comunidad sean descargadas sin tratamiento hacia cuerpos de agua o sistemas externos, mediante estrategias de tratamiento y reúso del recurso.
En un proyecto con esta visión, el agua puede ser tratada para posteriormente utilizarse en actividades que no requieren calidad potable, como el riego de áreas verdes, disminuyendo así la demanda de agua potable.

Pero Descarga Cero también debe entenderse dentro de una estrategia hidráulica más amplia: tratamiento de aguas residuales, aprovechamiento del agua, manejo de lluvia, infraestructura adecuada y mantenimiento permanente.

No se trata solamente de instalar una planta de tratamiento.

Se trata de concebir el agua como un recurso que debe circular, aprovecharse y gestionarse responsablemente dentro del desarrollo.

El desarrollo responsable se construye desde hoy

Las ciudades seguirán creciendo. La pregunta ya no es si habrá nuevos desarrollos, sino cómo serán esos desarrollos y qué relación tendrán con el territorio que los recibe.

Un desarrollo responsable debe buscar que el crecimiento urbano genere valor sin comprometer los recursos que necesitarán las siguientes generaciones.

Eso significa planear antes de construir, medir antes de afirmar, adaptar cuando sea necesario y entender que la sustentabilidad no es un elemento adicional del proyecto.

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