InicioFred Alvarez PalafoxEl eco no vino de Palacio Nacional, sino del norte

El eco no vino de Palacio Nacional, sino del norte

Por Fred Alvarez Palafox…

 

En lo que parece ser un tropiezo para la narrativa de la transparencia gubernamental, los mexicanos nos enteramos de una conversación del más alto nivel no por nuestros canales oficiales, sino a través de las filtraciones en la prensa estadounidense.

Hasta antes de este episodio, la regla no escrita —pero estrictamente cumplida— era la notificación puntual de cada diálogo binacional. Sin embargo, la llamada que sostuvo la presidenta Sheinbaum con Donald Trump el pasado miércoles rompió el molde y fue guardada bajo llave. La mandataria tuvo en sus manos el escenario inmejorable para informar al país durante su conferencia mañanera del jueves; en cambio, optó por el silencio.

Fue hasta esta mañana, desde Irapuato, cuando a la Presidenta no le quedó más remedio que confirmar lo que ya era un secreto a voces en la conversación pública. Acompañada por Marcelo Ebrard y Roberto Velasco, Sheinbaum calificó el intercambio a distancia como “muy bueno” y justificó la omisión del anuncio bajo la premisa de que la discreción es necesaria para proteger el avance de los acuerdos comerciales.

Incluso, añadió un dato revelador: ha hablado al menos en 22 ocasiones con Trump para discutir temas prioritarios, pero admitió que, cuando no se llega a acuerdos, prefiere no anunciarlo.

Pero el relato oficial choca de frente con los murmullos que llegan de Washington. Mientras aquí se busca proyectar tranquilidad y control, las fuentes citadas por el medio estadounidense “Politico” dibujan una charla que, lejos de ser perfecta, fue calificada como “regular”.

La introducción de “nuevos temas” sobre la mesa generó confusión, aunque desde el otro lado de la frontera un funcionario intentara matizar afirmando que las pláticas van en una dirección positiva. Ni la Casa Blanca ni la SRE emitieron una confirmación pública al momento de la filtración.

A este rompecabezas de omisiones se suma un dato crucial que tampoco fue explicado por nuestro gobierno, sino evidenciado por The Wall Street Journal: la sorpresiva posposición de la cuarta ronda formal de negociaciones del T-MEC. Inicialmente prevista para la semana del 21 de septiembre, fue movida silenciosamente para el 28 y 29 de este mes en la capital estadounidense. Ninguno de los dos países ha dado un motivo oficial para este freno repentino.

No es un secreto que la tensión está sobre la mesa. México y EU mantienen un intenso jaloneo para alcanzar entendimientos comerciales mientras avanza el proceso de revisión del acuerdo regional. Las diferencias arancelarias y las reglas aplicables a sectores productivos siguen pendientes. Se discuten temas vitales como el sector automotriz, el acero, el aluminio, la agricultura, los asuntos laborales y la seguridad económica, con un Washington que presiona por cambios en las reglas de origen y el uso de componentes externos a Norteamérica.

 

Normalizar que la agenda presidencial se mantenga en las sombras, escudándose en la “discreción negociadora”, representa un retroceso preocupante para nuestra vida pública.

Que usted y yo —los ciudadanos de a pie— tengamos que acudir a la prensa extranjera para enterarnos de lo que habla nuestra Presidenta con el líder de la potencia vecina no es ningún triunfo de la diplomacia. La metamorfosis es evidente: si antes de cada llamada hasta la fotografía oficial nos difundían como prueba de apertura, hoy nos recetan el silencio. Y eso es, simple y llanamente, una profunda fisura en la transparencia.

Cuando existen estas charlas al más alto nivel, lo mínimo indispensable debería ser la emisión de un comunicado conjunto. Pretender mantener el secreto absoluto frente a Estados Unidos es una ilusión estratégica: al final, Donald Trump siempre termina dictando la narrativa, ya sea filtrando información a sus medios o lanzando comentarios con ese doble sentido que tanto domina.

La línea entre la prudencia política y la opacidad se cruzó el miércoles, dejándonos una interrogante amarga: ¿por qué los mexicanos somos los últimos en enterarnos de lo que negocian en nuestro nombre?

Para la historia inmediata…!

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