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Andy, bajo la lupa

José Luis Parra

 

El problema para Andrés Manuel López Beltrán ya no es solamente lo que se diga en México.

Ahora el ruido viene del norte.

Y cuando Estados Unidos empieza a revisar expedientes, acusaciones, nombres y posibles conexiones con crimen organizado y contrabando de combustible, aunque todavía no exista una investigación formal, las cosas cambian de dimensión.

Según The New York Times, dos agencias estadounidenses examinan señalamientos contra Andy López Beltrán. El mismo reporte precisa algo importante: no hay hasta ahora una investigación formal ni cargos en su contra.

Pero tampoco es cualquier cosa que cinco fuentes con conocimiento de las indagaciones hayan hablado del tema con uno de los periódicos más influyentes del mundo.

Peccata minuta.

Más curioso todavía: de acuerdo con el mismo reporte, López Beltrán habría buscado contacto con autoridades estadounidenses por medio de intermediarios en varias ocasiones durante este año.

Sin reuniones formales.
Por ahora.

Y ahí aparece una pregunta incómoda:

Si no pasa nada, ¿para qué tocar la puerta?

Obviamente buscar comunicación con una autoridad no significa culpabilidad. Tampoco demuestra delito alguno.

Pero políticamente el escenario se complica.

Sobre todo porque Andy pretende aparecer en las boletas de 2027 como candidato a diputado federal por Tabasco.

Una cosa es cargar con el apellido López Obrador en una campaña electoral.

Y otra hacerlo con agencias estadounidenses revisando señalamientos alrededor de ese mismo apellido.

Mientras tanto, en México la fiscal general Ernestina Godoy ya dijo que no existen órdenes de aprehensión contra Andy ni contra su amigo Jorge Amílcar Olán.

Perfecto.

Entonces jurídicamente habrá que esperar pruebas.

Políticamente, no tanto.

Porque Amílcar apareció, para acabarla de amolar, viviendo en Lugano, Suiza.

El reportero Irving Pineda, de TV Azteca, lo encontró allá.

No precisamente en una vecindad de Villahermosa.

El empresario se negó a responder los cuestionamientos y amenazó con llamar a la policía. Después, según información difundida por Claudio Ochoa, el departamento que ocupaba quedó nuevamente disponible para renta.

Quince mil francos mensuales.

Más de 300 mil pesos.

La austeridad republicana tiene sucursales muy elegantes.

Claro, Amílcar Olán no ha sido condenado por los señalamientos publicados durante los últimos años y las acusaciones periodísticas no sustituyen una investigación ministerial ni una sentencia.

Eso debe quedar claro.

Pero también resulta difícil ignorar la cantidad de historias que han aparecido alrededor de sus negocios y su cercanía con los hijos del expresidente López Obrador.

Contratos públicos.

Tren Maya.

Tren Interoceánico.

Insabi.

Huachicol fiscal.

Y ahora Suiza.

Demasiadas casualidades para una sola sobremesa.

La presidenta Claudia Sheinbaum tomó una posición jurídicamente cómoda: si la Fiscalía tiene elementos, que investigue.

Correcto.

Cuando le preguntaron si haría un llamado a la FGR para actuar contra Olán, respondió que no.

Que la Fiscalía haga lo que debe hacer.

Otra vez, correcto.

Aunque políticamente el asunto no desaparecerá por decreto ni por prudencia presidencial.

Porque el principal problema de Andy quizá no esté todavía en una carpeta de investigación.

Está en la acumulación.

Un señalamiento aislado puede rechazarse.

Dos pueden atribuirse a adversarios.

Tres, a campañas negras.

Pero cuando se empiezan a juntar contratos, amigos incómodos, audios, amparos misteriosos, viajes, revocación de visa, intermediarios buscando contactos y agencias extranjeras revisando acusaciones, la explicación se vuelve cada vez más pesada.

Y en política la percepción pesa.

A veces más que los expedientes.

Por supuesto, todavía falta mucho para demostrar jurídicamente cualquiera de las acusaciones que circulan.

Quizá nunca se demuestren.

También existe esa posibilidad.

Pero mientras en México se discute si existen o no carpetas, órdenes de captura o pruebas suficientes, en Estados Unidos aparentemente ya empezaron a leer.

Y esos vecinos acostumbran leer despacio.

Pero cuando algo les interesa, pasan la página.

Cuidado.

Andy quiere llegar a San Lázaro en 2027.

El problema es que antes podría tener que explicar qué tanto saben de él al otro lado de la frontera.

Y esa campaña no se gana repartiendo volantes en Tabasco.

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