Luis Farías Mackey
No veo que nadie haya registrado el sutil desliz del delirante de La Chingada al final de su monologo desquiciado de hace dos días cuando, casi al final, afirmó que sus enemigos habían anunciado su muerte tres veces y la última que, “cuando ya iban a velarme en Palacio Nacional”, se les desmintió.
El loquito se sueña, pero también ordena que cuando muera sea velado en Palacio Nacional y, seguramente, se ve con un monumento en lugar del de Juárez, o bien en el patio central.
No creo que ni en La Chingada alguna funeraria del narco le dé cabida, pero al oírlo me asaltó el recuerdo del final de Gadafi y sus sueños de eternidad.