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Columna de opinión

“Oona y Salinger”

Anahí García Jáquez

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Anahí García Jáquez
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Anahí García Jáquez

 

Club Stork, Nueva York. 1940. Un aspirante a escritor conoce a la hija de un célebre dramaturgo y queda maravillado con ella. Se da un noviazgo en medio de varias circunstancias adversas, las cuales determinarán el curso de su relación.

Oona y Salinger es un trabajo del escritor francés Frédéric Beigbeder, quien nos cuenta el romance que surgió entre dos personajes que alcanzaron la fama en el siglo XX: el escritor J.D. Salinger, quien alcanzó el reconocimiento de la crítica y el público con El guardián en el centeno, uno de los clásicos de la literatura estadounidense del siglo pasado; y Oona O´Neill, hija de Eugene O´Neill, ganador del Premio Nobel de Literatura. Estos dos jóvenes – él de 21 y ella apenas de 15 – se encuentran en Nueva York, pues conviven en los mismos círculos sociales que, es de suponer, son de clase alta. Jerry (que proviene de Jerome, el primer nombre de Salinger) no puede evitar sentirse atraído por esta jovencita, cuya belleza física viene acompañada de atributos tales como inteligencia e ingenio que se ponen de manifiesto en las conversaciones tan profundas en las que ambos se enfrascan.

Todo ello llega a su fin cuando Jerry se alista de forma voluntaria al ejército después del ataque a Pearl Harbor en 1941, por lo que se une a las fuerzas armadas en plena Segunda Guerra Mundial y tiene que alejarse de su chica. La decepción viene cuando, un par de años después, se entera que Oona se ha casado con el actor y director Charles Chaplin, un hombre muchos años mayor que ella, con el que forma una familia hasta el fin de sus días.

El autor nos lleva por varios caminos, empezando por el ambiente de alta sociedad mezclado con la más pura intelectualidad, que es al que Oona pertenece desde que nació y del que Jerry desea desesperadamente ser parte, pues rozarse con Truman Capote o Ernest Hemingway, amigos de toda la vida de los O´Neill, no es poca cosa y para Jerry, quien apenas se abre paso en el mundo de las letras, es la oportunidad de su vida. Sin embargo, Jerry se convierte en una especie de mariposa nocturna que se deslumbra con la luz que emite Oona, cuyo brillo es parte de su encanto y lo que la hace única a los ojos de Jerry.

 

Es así como el autor nos ilustra la ilusión del amor de juventud y el impacto duradero que causa en algunos, como es el caso de Jerry, que mantiene una correspondencia con Oona mientras se halla en el frente de batalla, por lo que este texto adquiere un tono epistolar el cual nos permite conocer más de la personalidad de la pareja, quienes no se encuentran en el mismo lugar no sólo físicamente, sino mental y emocionalmente, pues mientras uno experimenta en carne propia los horrores de la guerra, la otra lleva una vida social agitada entre Nueva York y Hollywood, una vez que ha iniciado su relación con la estrella de cine Charles Chaplin.

Oona y Salinger es un ejercicio literario por demás interesante, ya que es un claro ejemplo de faction o facto ficción en español, un portmanteau que se refiere a fact (hecho real) y fiction (ficción) y es la mezcla de hechos reales (fechas, lugares y personas que existieron) con creaciones producto de la imaginación del autor. El no tener acceso a las cartas reales que se enviaron Oona y Jerry hace que el autor las recree, esto es, que se tome licencias e invente sus contenidos basándose en la realidad vivida por sus protagonistas. Es así como esta novela no es propiamente una biografía pero sí nos presenta un episodio de la vida de estos seres que se conocieron y se reconocieron, y que no estaban destinados a ser.

Oona y Salinger. Frédéric Beigbeder. 2014. Editorial Anagrama

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