Los últimos acontecimientos en el orden mundial, así como la división que existe en Iberoamérica derivada de gobiernos de distintas posturas ideológicas, nos remiten ineludiblemente a reflexionar en torno a la figura de Simón Bolívar. El Libertador que nació español y murió colombiano, fue al igual que los grandes capitanes de la historia, un hombre de luces y sombras. Sin embargo, hoy el juicio de la historia, es con el benevolente y destaca su aporte creando naciones, no en vano, la influyente BBC británica lo ha calificado como el “Hombre del Milenio”.
A pesar de la distancia geográfica, Bolívar tuvo lazos con México, partiendo de su simpatía hacia el movimiento insurgente y reconociendo a la antigua Nueva España, como un elemento indispensable en la utopía que significó el sueño bolivariano de una Hispanoamérica unida a partir de los tantos lazos que nos son comunes.
En 1799, un Bolívar adolescente visitó México camino a España en su viaje de estudios. El trayecto iba de La Guaira a Veracruz, posteriormente a La Habana y de ahí a España. Al llegar al puerto Jarocho se encontró con la novedad de que no podría llegar a Cuba debido a un bloqueo de la Royal Navy, entonces decidió aprovechar el tiempo visitando Veracruz, Puebla y la Ciudad de México. En la capital novohispana se hospedó en la llamada Casa de los Marqueses de Uluapa, construcción que se levanta en la esquina que conforman las calles de Bolívar y República de Uruguay en el Centro Histórico. Hoy el inmueble alberga en su planta baja, una tradicional parrilla argentina con un buen pianista, una placa en el exterior da cuenta de la presencia del Libertador en el sitio.
El joven Simón, no perdió el tiempo en la Ciudad de México, y se codeó con lo más granado de la sociedad local. Se afirma que sostuvo un lance amoroso con María Ignacia Rodriguez de Velasco, la “Güera Rodríguez” mujer de belleza legendaria, hermana de la Marquesa de Uluapa. A la Güera Rodriguez, se le recuerda más por sus tres matrimonios, por ser musa de Tolsá al esculpir la virgen de la iglesia de La Profesa, por sus amores con Iturbide y la amistad con von Humboldt, que por su destacada intervención en la consumación de la independencia de México. Trás un mes aproximadamente en la Nueva España, Bolívar pudo reanudar su viaje a la metrópoli.
En la famosa Carta de Jamaica, texto de 1815 y que resume el ideario de Bolívar, reconoció que México a diferencia de Puerto Rico y Cuba, alcanzaría la independencia de España, incluso señaló que de formarse una gran nación americana, México debería ser la nueva metrópoli. El naciente Estado Mexicano, también fue recíproco con Bolívar y en 1824, El Congreso a iniciativa de Fray Servando Teresa de Mier quien equiparo a Bolívar con Washington y apoyado por Valentín López Farías, otorgó al Libertador la ciudadanía mexicana. Un año después, el gobierno mexicano felicitó oficialmente a Bolívar por la victoria en Ayacucho.
Los lazos del Libertador con México, continuaron a través del Congreso de Panamá o Anfictiónico en el cual Bolívar convocó a la unión de las antiguas posesiones españolas en América para conformar un solo Estado. Incluso después de las primeras sesiones, el Congreso se trasladó a Tacubaya en la Ciudad de México, para reanudar sus trabajos. El esfuerzo parlamentario sin embargo, no prosperó debido a los desacuerdos entre los Estados participantes y a las convulsiones internas que fueron acento en las naciones emancipadas en sus primeros años de vida independiente. Los estadounidenses invitados al congreso, rechazaron unirse a una sola nación, así como luchar contra España, su aliada en la guerra de independencia.
Trás el fusilamiento de Agustín de Iturbide en 1824, su primogénito Agustín Jerónimo, se encontraba en Inglaterra. En algún momento alrededor de 1827, el príncipe imperial mexicano pasó al servicio de Bolívar como Ayudante de Campo. Se sabe que el Libertador le tomó gran aprecio al joven desterrado e incluso ignoró las reiteradas protestas del gobierno mexicano que pedían su relevo. Agustín Jerónimo, entonces se convirtió en una de las personas más allegadas a Bolívar y lo acompañó hasta su fallecimiento en 1830. Antes de morir, el Libertador aconsejó a Iturbide volver a México y no desarraigarse de su patria.
El joven príncipe lo escuchó y se incorporó al servicio exterior mexicano, también combatió en el Ejército Mexicano durante las batallas en el Valle de México en 1847, no solamente cumpliendo con su deber con la patria, sino seguramente inspirado en la memoria de su padre, pero también en el ejemplo del hombre que nunca conquistó, solo liberó. Agustín Jerónimo murió en Estados Unidos en 1866, un año después concluyeron en definitiva trás la victoria en Querétaro, los sueños imperiales mexicanos, pero lo que afortunadamente aún subsiste es la memoria de la amistad y el reconocimiento que el Libertador siempre tuvo hacia México.




