Fernando Meraz Mejorado
¿Cómo festejar el amor cuando el mundo arde en medio de la más devastadora, cruel, violencia? ¿Cómo entonar cantos de júbilo mientras por todos los caminos campea la violencia, y se enseñorean los perversos, llevados por el odio, como lobos en la noche herida? ¿De qué manera homenajear con cantos al más sublime sentimiento que enciende el corazón humano, cuando el aire mismo tiembla bajo el peso de las sombras y los hombres olvidan que fueron hechos de ternura?
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En nuestros días vivimos padeciendo el más aberrante desprecio por la vida – vida que se rompe como cristal en las calles, que se apaga como vela en el viento, que se vende y se compra como mercancía sin alma. Los hombres caminan con los ojos cerrados ante el dolor a su lado, construyen muros entre los corazones y hacen del odio su bandera. Olvidan que cada ser humano es un universo entero, que cada latido es un milagro, que cada existencia lleva en sí el fuego de los primeros días del mundo.
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Porque el amor no es un adorno para tiempos serenos, no es flor que solo crece en jardines protegidos. Es fuego que se enciende en la piedra fría, es agua que brota en el desierto quemado. Hay que festejarlo con las manos sucias del trabajo y la lucha, con la voz rota por el llanto y el grito – porque en su nombre se levantan los pueblos, porque en su seno se guarda la esperanza que no muere.
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Cantar de júbilo no es callar ante el mal, sino llevar la alegría del amor como antorcha en la oscuridad. Homenajearlo es besar los labios de quien sufre, es tender la mano a quien está solo, es construir con cada gesto pequeño un mundo donde el corazón vuelva a ser el amo de los hombres. Pues pese a todo, el amor prevalece sobre los más enconados sentidos de violencia; a pesar de todas las crisis y todas las devastaciones, el amor supervive – nos hace salir a flote en las aguas bravías del olvido y nos vuelve a reconciliar entre los hombres, como ríos que encuentran finalmente el mar. – – oOo–





