José Luis Parra
México no entró en recesión en 2025. Aplausos. Siete décimas de crecimiento bastaron para mantener la cabeza fuera del agua. Aunque, seamos honestos, el país apenas logra flotar en un mar económico revuelto, lleno de tiburones arancelarios, balas proteccionistas y corrientes internas que empujan hacia el fondo.
La paradoja es obscena: mientras Donald Trump juega a levantar muros comerciales con México, las exportaciones mexicanas rompen récords y son, otra vez, la tabla de salvación. Más de 664 mil millones de dólares enviados al extranjero, principalmente al país que nos amenaza: Estados Unidos. El “enemigo” nos compra el 83% de todo lo que exportamos. No es amor, es dependencia.
Y esa dependencia es de doble filo. Porque si algo nos enseñó el año pasado es que una economía amarrada con alambres y expectativas electorales puede sobrevivir… pero no crecer con dignidad.
El músculo exportador y la anemia estructural
Las exportaciones y las transferencias monetarias (es decir, los famosos programas sociales) mantuvieron el flujo sanguíneo en la economía. Moody’s lo dijo sin anestesia: gracias al músculo exportador, las transferencias del gobierno y el aumento del salario mínimo, se evitó una catástrofe.
Pero mientras algunos músculos se fortalecen, otros órganos vitales se deterioran: la inversión privada tiene anemia crónica, la productividad cae, la informalidad crece y las instituciones se debilitan.
La misma Gabriela Siller, del Banco Base, advierte que hemos caído en una trampa de estancamiento. Una especie de pantano económico donde el PIB apenas se mueve y cada paso cuesta sangre. Para 2026 no se ve mejor: 0.8% de crecimiento, pronostica. ¿Eso es suficiente? Solo si aspiramos a la mediocridad.
La Sheinbaumnómica
El año 2025 será recordado como el debut de la Sheinbaumnómica: una política fiscal ajustada, con recortes al gasto público, principalmente en inversión. ¿El resultado? Un gobierno que jala el freno mientras el tren apenas avanza.
Marco Oviedo pone el dedo en la llaga: la inversión pública se desplomó por el ajuste fiscal, mientras que la construcción privada y las exportaciones sostuvieron lo que quedaba del crecimiento.
¿Y el gran elefante en la habitación? La reforma judicial. Su sola mención paralizó la inversión. A los empresarios no les gusta la incertidumbre, y menos si viene envuelta en toga y martillo.
Exportar no es desarrollarse
Los números duros son fríos pero hablan claro: mientras el comercio y los servicios avanzan tímidamente, el campo cae y la industria apenas respira. A pesar del buen cierre en el último trimestre, el panorama general es de estancamiento maquillado.
Sí, exportamos como nunca. Pero el desarrollo no se mide solo en cuánto vendes al vecino del norte. También se mide en educación, innovación, salud, infraestructura, justicia. Y ahí estamos reprobados.
No basta con sobrevivir. Hay que construir una economía con rumbo. Y eso no lo da ni el nearshoring, ni los programas sociales, ni los discursos triunfalistas.
Mundial 2026: balón de oxígeno
El único respiro en el horizonte parece ser el Mundial de Fútbol. De acuerdo con los optimistas profesionales, el evento puede reactivar el consumo, la construcción, la inversión… y hasta el ánimo nacional.
Pero cuidado. El Mundial puede ser un balón de oxígeno o una burbuja de ilusión. Si no hay reformas serias, si no se generan condiciones reales de certidumbre, si el gobierno sigue en modo campaña, el balón se desinfla.
México necesita más que goles para crecer.





