La insoslayable brevedad
Javier Roldán Dávila
En ocasiones la estrategia de defensa se parece tanto a ‘ponerse de a pechito’
El nombramiento de Roberto Velasco como canciller (un joven de 38 años, del que no cuestionamos sea inteligente y preparado), es una prerrogativa de la presidenta Sheinbaum.
Sin embargo, preguntamos: ¿es la mejor opción elegir a una persona ‘leal’ con frágil experiencia como diplomático, a cargo de la política exterior, en el escenario global más complejo desde la segunda posguerra?
La respuesta salta a la vista: no.
Aunque Velasco tiene un tránsito de poco más de siete años en la SRE, primero en Comunicación Social y luego en el área de las relaciones con Norteamérica, eso resulta insuficiente (por más talentoso que sea), para enfrentar los retos que representa el trumpismo y la recomposición de las hegemonías internacionales.
Es el mismo caso (magnificado) de designar al ‘aldeano’ Rutilio Escandón como cónsul en Miami, la sede alterna a Washington, de la cúpula del poder estadounidense.
Cuesta trabajo suponer, que la mandataria no tenga una baraja más amplia, su decisión (más emotiva que racional), es un triple salto mortal sin red. Por diplomacia, periodísticamente correcta, le daremos un acotado beneficio de la duda.
Así pues, hemos sobrevivido a caudillos, generales, cachorros de la Revolución, tecnócratas e iluminados, falta ver si lo haremos a los nuevos científicos.